Bienvenidos a la página Web del escritor Félix J. Palma, cuentista y novelista, no necesariamente en ese orden. Aquí podrán encontrar información completa y actualizada sobre el autor y su obra. Si desean una aproximación más cercana, pueden visitar su blog, donde el autor habla de todo lo que se le ocurre, desde su concepción de la literatura hasta sus series favoritas.
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EL ARTE DE RUGIR
Enviado por Félix el Mié, 04/11/2009 - 13:29.
El pasado jueves tuve el placer de presentar en ese templo del cuento en que se ha convertido la madrileña librería Tres Rosas Amarillas, el nuevo libro de relatos, Los que rugen, de mi colega y amiga Care Santos, que ha editado Páginas de Espuma. Huelga decir la ilusión que sentí cuando Care me pidió que oficiara de maestro de ceremonias en su presentación. Cuenta con ello, le dije, pensando en escribir el habitual texto amable sobre su libro propio de estos actos. Sin embargo, al ponerme a ello, surgió un imprevisto. Descubrí que la admiración que yo creía profesarle a Care no era tal. Para mi sorpresa, descubrí que si algo sentía por ella no era otra cosa que odio. Así que el texto que finalmente leí en su presentación tal vez no fuese el que ella esperaba. Yo, al menos, hice todo lo posible para que tanto ella como el público asistente entendiera las razones de mi odio. Aquí las dejo, por si alguien quiere conocerlas:
10 RAZONES POR LAS QUE ODIO A CARE SANTOS
Una. Porque Care disfruta escribiendo, y aunque os resulte extraño, no todos los escritores disfrutan escribiendo. Pocos lo confiesan en público, pero es cierto. Yo no disfruto escribiendo y conozco a muchos otros que tampoco, por lo que creo que los escritores pueden dividirse en dos bandos: a los que les gusta escribir y a los que les gusta haber escrito. Y a Care le gusta escribir, sentarse en la silla, ver crecer sus historias en la pantalla, darles forma con mimo y abstraerse del mundo envuelta en la exaltada sinfonía de sus teclas. No siente presión en el pecho, ni padece quebraderos de cabeza que arruinen sus noches, ni la asaltan las dudas que desgraciadamente nos atacan a la mayoría para robarle toda la gracia al acto de escribir. Es más, Care ha confesado que para evitar pasarse todo el día ante el ordenador, escribe con una vela que tarda tres horas en consumirse. Cuando la vela se agota, Care se levanta y se va a pasear, en vez de seguir en el ordenador, que es lo que le gustaría. Yo, por el contrario, aprovecho cualquier excusa para levantarme de la silla, incluso la de cambiar el coche de sitio, lo cual podría considerarse algo enfermizo, dado que no tengo coche.
Dos. Por la cantidad de páginas que produce al día, porque si después de estar tanto tiempo ante el ordenador Care produjese una sola página, no sería una escritora tan odiosa. Pero ella produce exactamente 8 páginas. Y si multiplicamos 8 por los 365 días del año obtenemos la cantidad de 2.920 páginas, y aunque le restemos algunos días, porque me niego a creer que Care pueda escribir todos y cada uno de los días del año, y lo dejemos, por ejemplo, en 2.000 páginas, tendríamos para unos seis libros al año de 300 páginas. Con lo cual Care no es solo la escritora más odiosa que conozco, sino también la más prolífica
Tres. Porque puede escribir cualquier cosa. Si echáis un vistazo a las solapas de sus libros podréis descubrir que Care toca todos los géneros con naturalidad, y en todos parece sentirse cómoda. Ha escrito seis novelas, algunas de ellas premiadas, como por ejemplo La muerte de Venus o Hacia la luz, novelas en las que Care adapta el modo narrativo cinematográfico, y abreva sin complejos en las aguas del fantástico. Ha escrito docenas de novelas juveniles, que no puedo enumerar aquí por falta de tiempo, entre ellas la saga Arcanus. Ha escrito también libros a cuatro manos, cómo no, y ha practicado el ensayo e incluso la poesía, y ahora publica un nuevo libro de cuentos que viene a sumarse a los cinco anteriores. Ha escrito tantísimo que se ve obligada a resumir su bibliografía para que quepa en las solapas de sus libros, mientras otros tenemos que engordarla como buenamente podemos para que no parezca un aforismo. Yo no he podido leer todo lo que ha publicado, porque soy un pobre humano que, como todos, lee más despacio de lo que Care escribe, pero he leído buena parte de su obra y constatado con envidia que lo hace condenadamente bien, sea en el género que sea.
Cuatro. Pero no solo trabaja en su obra, sino que también se ocupa de todas esas servidumbres que nos agobian al resto de los escritores. Care contesta todos los emails de sus admiradores, participa en foros, presenta libros, se lee las novelas que le mandan los amigos, compone antologías, e incluso ha realizado la fotografía de la cubierta de este libro, lo que ya no sé es si lo habrá construido la iglesia que aparece en ella. Sus días tienen más horas que los nuestros, está claro. Y hace todo eso con tres hijos. Si hay alguna madre presente entenderá el mérito que eso tiene. Querido público, estamos ante un milagro.
Cinco. Es que, por si esto fuera poco, Care es una de las críticas más lúcidas de nuestro país y tiene el privilegio de ejercer de anfitriona o portera dando la bienvenida al mundo de la literatura española a los escritores que comienzan. Ella es la primera en tasar sus obras desde el suplemento El Cultural de El Mundo, y lo hace siempre con exquisito tino y amabilidad, como hizo con un servidor hace ya más de diez años.
Seis. Ha escrito un libro de cuentos de fantasmas, un género por el que siempre me he sentido atraído pero que nunca he abordado por considerarme incapaz de aportar nada nuevo sobre el tema. ¿Qué se puede escribir hoy sobre fantasmas? Desde Plinio el Joven, que creó al fantasma más antiguo que se conoce, y que ya vagaba errante por el mundo de los vivos porque no había sido convenientemente sepultado, pasando por la iconografía terrorífica que tras la eclosión del cuento gótico ingles del S. XVIII convertiría al fantasma en una criatura pálida que dedicaba las noches de tormenta a recorrer con pasos renqueantes los interminables pasadizos de los castillos, no se ha parado de escribir sobre estos traslúcidos inquilinos de la ultratumba, y los que hoy lo hacen se limitan a respetar los patrones del terror moderno, contando historias donde alguna mujer traumatizada por la perdida de un hijo o similar se enfrenta a un fantasma que antes de mostrarse en toda su apariencia espectral, se toma su tiempo para manifestarse moviendo objetos en plan poltergeist o produciendo trabalenguas psicofónicos. Esas historias están ya demasiado vistas. La otra opción que nos queda es contarlas desde el punto de vista del fantasma y, durante un tiempo, la mejor baza argumental de ese enfoque fue jugar con la idea de que el fantasma no sabía que lo era, como hicieron Cortázar o Benedetti en muchos de sus relatos, pero después de que la película El sexto sentido popularizara dicha estrategia, hoy ya no podemos sorprender a nadie con eso.
Siete. Porque no ha escrito un cuento de fantasmas, sino que ha tenido la osadía de escribir nada menos que trece, trece variaciones sobre el gastado mito del fantasma que me demuestran lo equivocado que estaba, pues todavía puede escribirse algo original sobre el asunto. Por ejemplo, la mayoría de las historias tratan del intento de comunicación entre los habitantes del más allá y los vivos, pero en el relato que abre el volumen, titulado Por las noches aullamos, Care se pregunta cómo sería la comunicación entre los propios fantasmas, unos fantasmas que deambulan por un mundo apocalíptico cepillado de vida humana, donde los animales campan a sus anchas, y que tanto recuerda al futuro onírico de la película Doce Monos. En el relato titulado Círculo Polar Ártico, le da una vuelta de tuerca más al mencionado cuento del fantasma que no sabe que lo es, mediante el brillante uso de los tics de este tipo de historias, de manera que nunca llegamos a saber si el protagonista es un fantasma que ignora su condición o alguien normal y corriente, porque el relato admite ambas lecturas. Y esa originalidad alcanza su pleamar en el relato Comunicación, uno de mis favoritos del volumen, en el que a la protagonista se le presenta el fantasma del hijo que todavía lleva en el vientre, para guiarla al más allá cuando ambos mueran en el parto por un error del anestesista. Pero se trata de un fantasma adulto, del hombre que el bebé habría llegado a ser de no producirse el desgraciado accidente, una especie de regalo de un universo paralelo. Y cuando no busca la originalidad, Care asume la tradición, como en el relato Asuntos pendientes, que narra en clave de comedia el clásico tema del fantasma que no puede acceder al más allá hasta que resuelva sus cosas en este mundo, o en el titulado Confesión, en el que el fantasma es un periodista becario que se le aparece cada noche a la protagonista para continuar la entrevista que no pudo terminar antes de que la entrevistada lo estrangulara con sus propias manos. Se trata de un cuento hilarante que, además, incluye un divertido retrato de los periodistas que todos sufrimos en las promociones y que no me resisto a compartir con vosotros. Dice Care: “Pertenecía a la clase prescindible de los informadores culturales, uno de esos especialistas en el refrito de notas de prensa, en distorsionar las declaraciones y en fusilar artículos de otros. Jamás grava conversación alguna, sino que toma notas. Se sienta ante ti enarbolando un cuaderno cuadriculado y un bolígrafo de plástico. A veces imploran: ¿podría hablar un poco más despacio, por favor? Cuando eso sucede, yo hablo aún más rápido. Tengo comprobado que no importa lo que digas porque ellos interpretarán lo que les plazca y al día siguiente todo los lectores se preguntarán como una idiota como tú, que apenas sabe conjugar los verbos, se ha atrevido a publicar un libro”. Care también ensaya la clave poética en el relato titulado Orden alfabético, en el que son los autores que no tenemos en nuestra biblioteca los que se encarnan en fantasmas, y en el delicioso cuento Más allá de esta oscuridad y este silencio, en el cual el fantasma es un hombre aquejado de invisibilidad, un pariente lejano del Griffin de H. G. Wells.
Ocho. Por hablar de su infancia, cuando todos sabemos que sobre la infancia de los escritores es mejor correr un tupido velo, pues son casi siempre infancias penosas y traumáticas, de niños solitarios que se refugian en los libros porque no soportan vivir en un mundo que se ríe de ellos por su torpeza en los deportes, por sus botas ortopédicas, su aparatito dental o por su timidez invencible. En Defensa y ataque Care ha tenido la osadía de relatar cómo eran sus clases de gimnasia, confirmando una teoría que sostengo desde hace tiempo: detrás de cada escritor, más que un libro de Verne o Salgari, siempre hay un potro que nunca conseguimos saltar. Es un cuento que me ha obligado a enfrentarme a los fantasmas que llevo dentro y que ya casi había olvidado. Como le sucede a la protagonista de Marcar un gol, una mujer que llega como directora al colegio donde estudió de pequeña y que aprovecha la hora de cerrar para dar un paseo por su viejo instituto, tropezando en cada esquina con el fantasma de la niña tímida y torpe que era el blanco de las bromas de sus compañeras, un cuento de una desgarradora melancolía que se cierra magistralmente con la inesperada venganza que el tiempo concede a la protagonista. Por último, Amanecer con monstruos marinos es un relato en el que la imaginación de la hija transforma en fantasma al padre muerto y le permite mantener una última conversación con él, una conversación dispersa, sobre nimiedades, que continúa dejando sin contestar las preguntas cruciales de la vida. Y dado que en la última página de este relato aparece una ilustración de “La marina azul”, el cuadro que su padre le regala a la protagonista, podemos pensar que el recurso de Care de usar su propio pasado como material para modelar sus ficciones alcanza aquí su muestra más personal.
Nueve. Porque en este libro figuran dos o tres cuentos que me hubiera gustado firmar a mí, como algunos de los citados o el titulado Seis botellas, o tres, de Gran Reserva. Este relato está recogido en la segunda parte del libro, que en contraposición con la primera, titulada Ellos, donde se muestra al fantasma clásico, lleva por nombre Nosotros, y presenta a fantasmas cuya condición ectoplasmática no es necesaria, sino que se usa el vocablo en sentido más amplio. En este relato a la pareja protagonista le regalan seis botellas de gran reserva con la condición de que conmemoren las seis ocasiones más especiales de su vida, pero esas ocasiones nunca llegan, por supuesto, porque son incapaces de reconocerlas en el momento exacto en el que se producen. El hombre, ya se sabe, es el único animal que no sabe vivir en el presente, pues siempre vive recordando el pasado o anhelando el futuro. Es un hermoso cuento sobre el fantasma de nuestra vida anterior, de todas las vidas que se desvanecen para dar paso a otras, de todas esas vidas que inevitablemente vamos acumulando a lo largo de nuestra existencia.
Diez. Porque en el 2011 publicará una novela magistral que la convertirá en la autora más famosa del mundo. No es que yo tenga una máquina del tiempo y lo haya comprobado, sino que es algo que ocurrirá por pura ley de probabilidades teniendo en cuenta al ritmo al que escribe.
Y ahora os dejo con la escritora más odiosa que conozco.
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LA CARA DE MIS LECTORES
Enviado por Félix el Mar, 20/10/2009 - 13:59.
Uno repara en el éxito que va alcanzando como escritor cuando comprueba que el lector que acude a que le dedique su libro no está emparentado con él, ni es amigo de la familia, ni vecino de su edificio. Es decir, cuando la gente compra su libro sin saber quién coño es, dejándose guiar por la trama, la cubierta, la manera en que escribe o cualquier otra cosa que mueva a alguien a comprar un libro al verlo en un escaparate. Yo, durante un tiempo, podía contar a mis lectores desconocidos con los dedos de una mano. Incluso experimentaba una absurda inquietud cuando alguien me pedía que le dedicara una obra y luego se iba por donde había venido, sin decirme: "yo estuve con tu hermano en el colegio", "mi madre es amiga de la novia del panadero de tu prima" o "yo soy el fruto de aquella borrachera del verano del 92". Cuando eso sucedía, me preguntaba cómo era posible que esa persona hubiera escogido mi libro entre los miles de libros que atestan las librerías. El mío y no cualquier otro. Tras la publicación de El Mapa del tiempo me he acostumbrado a ello, a tener lectores que no están conectados a mí de ninguna forma, a los que nada me une. Ese lector sin rostro, en fin, en el que uno piensa cuando se pone a escribir. Ahora ya sé que tiene muchos rostros, que son Legión, en San Jordi lo comprobé. Pero no escribo este post para hablaros de eso, si no porque hoy se ha roto esa barrera, pues una de las personas que ha leído mi novela, tal y como comenta en su blog, es Berto Romero, colaborador habitual del programa de Buenafuente en La Sexta. Como imaginaréis, esto tendrá consecuencias inevitables sobre mí. ¿Qué impedirá que a partir de ahora, al pensar en mis lectores, piense en las hijas de Zapatero, Fernando Alonso, Eva Amaral o Elsa Pataky?
A continuación, os dejo la recomendación de Berto Romero en su blog Berto.tv :
El mapa del tiempo
Hace tiempo que no recomiendo un libro en el blog. Así que, hoy, para aquellos suficientemente inconscientes para seguir mi criterio, mi recomendación es: El mapa del tiempo, de Félix J. Palma. Lo descubrí a partir de la crítica que hizo de él Doc Moriarty en su blog, quien me ha dado ya tantas pruebas de que su gusto es excelente que ya tomo sus recomendaciones como decretos-ley.
No os voy a destripar nada del argumento. Es una novela cojonuda, de las que permanecen dentro de tu cabeza mucho tiempo. Magnífica, emocionante, sensible, divertida y llenísima de amor por la literatura. Hala, pues, hasta aquí mi recomendación.
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UNA NARRACIÓN APASIONADA
Enviado por Félix el Mar, 29/09/2009 - 10:45.
Queridos visitantes: aquí os dejo una reseña de mi novela La hormiga que quiso ser astronauta, aparecida en el blog de crítica literaria Regina Irae:
La primera novela de Félix J. Palma (El Mapa del Tiempo) es, en todos los sentidos, una obra de juventud, para lo bueno y para lo malo. Para la bueno porque en ella el autor echa el resto en cuanto a recursos estilísticos y energía, creando una narración apasionada, como solo puede encontrarse en el texto de un autor novel que desea demostrar todo lo que lleva dentro. El tono del narrador en primera persona, el propio Álex, es eufórico, un derroche de palabras que llega a abrumar al lector, y también lo sorprende, cuando este descubre tras algunos de los párrafos y páginas de la obra homenajes a grandes obras de la literatura universal. Seguro que se me ha escapado algún homenaje, parodia o paráfrasis, pero entre las que he captado: el género picaresco, nada más empezar (se presenta el personaje al estilo del Lazarillo):
"Sepa vuestra merced, ante todo, que a mí me llaman Alejandro Alcina Fuentes..."
Lolita, de Nabokov (en la descripción que hace Álex de una de sus novias):
"Carol, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Ca-ro-li-na: la punta de mi lengua baja la escalinata de tu nombre, desde el fondo de la garganta hasta el borde de los dientes, de lado y con tacones, como una vedette de revista. Co.Ral.
Era Pecado, sencillamente Perdición, por la mañana, un metro sesenta y nueve de curva y sueño en busca de la ducha. Era una erección bajo las sábanas cuando se enfundaba los vaqueros. Era Carolina Fernández en el trabajo. Era @ cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Coral."
Proust (la famosa magdalena revive en la prosa de Félix, también como desencadenante de recuerdos de infancia)...
"Aquella alegría indescriptible provenía de la magdalena, pero la excedía en mucho, y resultaba difícil de creer que fuese de la misma naturaleza."
Es bastante probable, repito, que haya muchas más referencias (quizás Cortázar, que recuerdo haber leído por ahí: ¿será algo relacionado con la Maga?), no solo literarias, sino también cinematográficas. Como detalle curioso, en la nota del editor que se incluye al final, se menciona que hay similitudes con "El club de la lucha" y con la película "Amelie". Ciertamente, si el editor no llega a aclarar que la obra de Palma es anterior a Amelie podríamos pensar que también la homenajea (las fotografías con una misteriosa pelirroja, el fotomatón, el ansia del protagonista de convertir en fantasía su prosaica realidad, etc, etc)
Para lo malo porque ese mismo exceso y riqueza llega a saturar en algunas ocasiones, con tantas imágenes y metáforas, la mayor parte de las cuales muy originales y brillantes, pero que quizás pierdan efecto por acumulación. Eso no impide que la prosa esté a un nivel muy elevado, incluso para ser una primera novela (aunque el autor ya había publicado relatos). También dificulta la lectura la densidad de los párrafos, pero es una dificultad menor. Entre los recursos curiosos están algunas apelaciones al lector, que también se observan en El Mapa del Tiempo, de un modo más refinado y continuo.
El tema de la obra es la inmadurez y el rito de paso al mundo adulto, simbolizado a través de iconos del cine como la afición del protagonista a Star Wars (la espada láser) y del amor apasionado de la juventud, idealizado, total y absorbente; y de su pérdida; sin embargo, dada la desmesura de los delirios del protagonista me resulta un poco chirriante que todo lo que se nos cuenta sera una mera cuestión de inmadurez. Parece más bien un delirio psicótico, aunque desconozco el síndrome al que se alude al final del libro como explicación (en la nota del editor). Simplemente, me parece algo inverosímil tal desdoblamiento y su autoengaño respecto a la realidad que lo rodea, que transforma (a una amante en un ángel, literalmente, por ejemplo; hasta conserva una pluma de recuerdo)
El ritmo, dado que es un libro más formal que narrativo, es algo lento, sobre todo al principio, cuando el narrador nos cuenta sus experiencias con diversas mujeres, a las que idealiza como un ángel, una sirena, etc, y con su amigo Javi. Las descripciones son surrealistas y simbólicas, como se descubre más adelante. A partir de la conversación con Carol, una de las novias, que le pide que crezca y madure, el libro da un giro radical, pues nos hace ver que lo que hemos leído hasta ahora no es lo que parece. Tal vez sea necesario explicar lo que ha sucedido a través de una interpretación racional de los hechos fantásticos o fantasiosos, mejor dicho, pero a mí como lectora, me ha parecido un recurso fácil, aunque efectivo. A partir de ese punto de inflexión hacia el final, el libro adquiere velocidad, y vamos reinterpretando lo sucedido (y la importancia de ciertos personajes y su verdadera naturaleza) bajo nuevas claves, que incluso devienen en metaliteratura (una constante en Palma) con la figura del pizzero espía.
La novela demuestra todo el potencial de un autor de excelente pluma y mucha lectura clásica en su haber, llamado a grandes cosas, a pesar de algunos defectos que atesora, como la irregularidad y el exceso.
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UNA NOVELA MUY RECOMENDABLE
Enviado por Félix el Lun, 28/09/2009 - 11:01.
Querido visitantes, aquí os dejo una reseña sobre El mapa del tiempo, escrita por Judit Rodríguez en su blog ¿Y qué más, Nolofinue?:
No podía ser de otra manera. Dada mi afición a la lectura no podían faltar en este espacio personal las críticas personales –y siempre personales- que me voy formando de los libros a medida que los leo.
En esta ocasión le ha tocado, por pura cuestión de calendario, a la magistral obra “El mapa del tiempo” de Félix J. Palma que adquirí de forma casual el pasado 23 de abril, el Día Internacional del Libro (en Cataluña más comúnmente llamado el día de Sant Jordi), en una de las casetas de la FNAC. Me alegro de haberla comprado ese día, ya no sólo por la gratificante lectura que me satisfaría, sino porque, aprovechando que el autor estaba allí, me acerqué a él y le pedí que me la dedicase.
Ambientada en el victoriano Londres del siglo XIX, Palma nos deleita con una historia trenzada con multitud de tantas otras que acaban deslumbrando al lector con un desenlace suspicaz, ingenioso y sobre todo inesperado, sin dejar ningún cabo suelto. Todo un acierto.
La novela está dividida en tres partes: la historia de Andrew Harrington, hijo de un famoso acaudalado, la de Claire Haggerty, quién se enamorará del atractivo héroe del futuro, y la del propio H.G. Wells, hilo conductor de cada una de las divisiones. Pero no sólo él es común en las tres historias sino que también lo es la temática de los viajes temporales, sean al pasado, al futuro o a ambos.
El relato empieza en el 1888, año en que el misterioso Jack el Destripador efectuó sus crímenes en el por aquél entonces empobrecido barrio de Whitechapel, donde vivía Marie Kelly, una de las prostitutas víctimas con la que mantuvo una relación amorosa el protagonista de la primera historia, Andrew. A partir de la muerte de ésta y de la inauguración de la empresa de viajes temporales de Gilliam Murray (quién nos convencerá del descubrimiento de la puerta dimensional, pilar de su negocio), el joven Andrew, con la ayuda de su primo Charles Winslow, Wells y la del propio Gilliam, viajará al pasado para matar al Destripador antes de que su amada caiga en sus manos, evitándole así la muerte y permitiéndole un futuro a su lado.
En unos de los viajes al año 2000 que Gilliam Murray ofrece a sus clientes irá Claire Haggerty, una joven insatisfecha con su época que pretenderá quedarse en el futuro, dónde conocerá al bravo capitán Dereck Shackleton, héroe por derrotar a los autómatas invasores que pretendían –o pretenderán- hacerse con el poder del mundo. De nuevo será el famoso escritor H.G. Wells quién, mediante su escritura, ayudará a ambos enamorados para que su relación sobreviva pese a las décadas que los separan.
Pero lo que no sabrá Wells y le pillará por sorpresa es que será él mismo protagonista principal de la tercera historia narrada en la novela. Él, que lleva una vida sencilla y monótona sin mayores sobresaltos, al que lo más interesante que le ha pasado en la vida, además de publicar con éxito “La máquina del tiempo”, es que Andrew Harrington y Dereck Shackleton le hayan pedido ayuda. Esta última historia será la que, con un inesperado final, dotará de sentido cada uno de los detalles e historias secundarias del libro, al principio innecesarias e incluso aburridas.
Se trata de una obra en la que Félix J. Palma demuestra su dominio de la escritura, de las palabras, del juego casi invisible al que hace partícipe al lector, con quien tiene un contacto continuo.
Ésta es una historia que, llamada a etiquetarse con muchos géneros literarios -se puede tachar de novela histórica, romántica, policíaca, de ciencia ficción…-, rebosa originalidad y maestría. Una historia en la que personajes y hechos reales se mezclan con los ficticios sin dar cuenta de ello a nadie. Una obra donde todo lo que parece –incluso lo que yo he contado de ella- no es. Una narración que no deja indiferente. Un libro muy recomendable.
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UN ESPECTÁCULO MAGNÍFICO
Enviado por Félix el Mié, 16/09/2009 - 10:41.
Estimados visitantes: aquí os dejo una reseña sobre El mapa del tiempo aparecida en la web Literaturas.com, escrita por Leticia Sánchez, a quien aprovecho para mandar mi más sincero agradecimiento:
Bienvenido a un espectáculo magnífico. Lector, usted no se aburrirá. Si le gustan los grandes trucos, las buenas historias, los romances apasionados, las pruebas de ingenio, la existencia de mundos fantásticos, la vida de los escritores, la emocionantes aventuras, las luchas, los asesinatos, los poderes de la imaginación, entonces, lo más probable es que “El mapa del tiempo” sea su libro.
Podrá conocer con todo lujo de precisos detalles el Londres del siglo XIX. Las callejuelas llenas de niebla de Wihtechapel, los diminutos salones de té, los hospitales donde encerraban a los locos y los deformes, los cocheros en sus carruajes sentados en el pescante. Será una recreación tan detallada de aquella época y aquel lugar, que podrá hasta olerlo, sentirá que está allí como si usted mismo fuese uno de los viajeros en el tiempo.
El siglo XIX está lleno de ciencia y a la ciencia se venera. Pero también está lleno de ingenuidad. Conozca a los habitantes de aquel Londres, qué sentían, con qué soñaban, cómo hablaban, por que estaban obsesionados con los viajes en el tiempo. Probablemente la culpa de todo la tuviera H.G Wells, el escritor que va a ser el protagonista de esta aventura, del que conoceremos su infancia, sus pensamientos e incluso cómo sería su vida si hubiera tenido que vivir otra. Desde que H.G Wells publicó su famosa obra “La Máquina del tiempo” a su casa no dejan de llegar personas obsesionadas con la novela o con la posibilidad de desplazarse realmente a través de los siglos. Creen que el escritor oculta algo, que sabe más de lo que dice, que esa máquina sobre la que escribió no es pura imaginación, que la tiene guardada en algún lugar. Aél acuden, por ejemplo Charles y su primo Andrew. Necesitan volver atrás. Necesitan regresar a la noche en la que Jack el Destripador asesinó a Marie Kelly, la prostituta de la que Andrew estaba enamorado y sin la cuál no quiere seguir viviendo.
Pero no se crean, H.G. Wells no es la única persona de Londres que parece saber cómo alterar el tiempo y el espacio. No. Para eso está la empresa Viajes Temporales Murray, que ofrece a sus clientes poder desplazarse hasta el 2002 para ver la lucha definitiva del mundo: la guerra entre autómatas y humanos. El valiente capitán Derek Shackelton y el autómata Salomón mantienen un duelo a vida o muerte para dominar el planeta. Esto sucede el 20 de mayo de 2002, única fecha a la que puede desplazarse Viajes Temporales Murray, puesto que llegan a ella gracias a que encontraron un agujero en el tiempo que conducía a este Londres futuro. Los habitantes del siglo XIX pagan fortunas y observan asombrados, cobijados en un montículo, la pelea a muerte del humano y el autómata. Pero todo se tuerce cuando la joven Claire Haggerty decide no regresar a su tiempo y quedarse allí, en aquel Londres devastado del 2002. Claire se ha enamorado locamente del capitán Shackelton y nada va a poder separarles. Ni siquiera los siglos.
Aún no se vayan, damas y caballeros, porque queda más, mucho más. Nos falta por conocer a otro cruel y malvado viajero del tiempo, que se traslada de época en época para robar los libros de sus escritores favoritos y adueñarse de su autoría.
Para tantas emociones necesitan un buen maestro de ceremonias que les vaya guiando. Y puedo asegurarles que Félix J. Palma es el sujeto perfecto para este cometido. Tiene una prosa bella y trepidante, unas metáforas perfectas, una literatura absorbente. Leer sus páginas es aún más gratificante que beber whisky escocés en la bañera hasta que se enfríe el agua. Está encaminado a convertirse en uno de los grandes. Es muy poco usual, damas y señores, que vean tal alarde de imaginación en ninguna novela reciente. Les reto a que lo hagan. “El mapa del tiempo” es un libro tan imaginativo, y a la vez tan histórico, que estremece. Leyéndolo uno siente que vuelve a ser un niño que coge por primera vez las novelas de Julio Verne y se pone a soñar. Ésa es la sensación. Hay que ser un escritor inmenso para lograrla.
¿Creen que esto es todo? Pues se equivocan, apenas les he contado nada. Pasen, pasen y lean. El espectáculo va a comenzar.
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UNA NOVELA INGENIOSA Y SIMPÁTICA
Enviado por Félix el Mié, 26/08/2009 - 13:54.
Queridos visitantes: aquí os dejo una reseña de mi novela La hormiga que quiso ser astronauta, aparecida en el Blog de Abulabia, a cuyo autor envío un abrazo agradecido.
LA HORMIGA QUE QUISO SER ASTRONAUTA
Félix J. Palma
En la pasada Feria del Libro, a la sombra de Larsson y Cercas, que fueron con diferencias los grandes triunfadores de la misma, al menos en lo referente al número de ejemplares vendidos, comenzó a mi alrededor a sonar un nombre, el de Félix J. Palma. Al parecer se trataba de un joven narrador de Sanlucar de Barrameda, que había escrito una novela, que calladamente se estaba vendiendo como rosquillas. No le dí más importancia al tema, pues esas cosa, aunque sólo sea de tarde en tarde suelen ocurrir, estimando que la obra en cuestión, sería una de esas de leer y tirar, tan en boga en nuestros días. Con posterioridad, hablando con una amiga, ésta me comentó, que estaba encantada con la última novela que había leído, precisamente de Félix J. Palma, que para colmo, un conocido había elogiado en la prensa esa misma mañana. Entonces no lo dudé, procediendo inmediatamente a buscar información sobre el autor, que según lo que encontré, había publicado dos libros de relatos, obteniendo con ellos un notable éxito, y una primera novela, “La hormiga que quiso ser astronauta”, obra que a pesar de haberse publicado en una pequeña editorial gaditana, conseguí localizar sin dificultad, con la intención, de si me gustaba, pasar a leer la novela de la que todo el mundo hablaba.
La primera novela de un autor, casi siempre suele resultar bastante pretenciosa, ya que con ella, el que escribe, trata por todos los medios, de deslumbrar a los escasos editores, que en unos tiempos como los que vivimos, tengan la valentía suficiente como para intentar publicar su novela, al tiempo que, tratando de matar dos pájaros de un solo disparo, dejar atónitos a los posibles lectores que se acerquen a ella, para dejar claro desde un principio, que el que firma ha llegado para quedarse. Esas operas primas, también, por norma general, suelen mostrar grandes altibajos, pero en contrapartida, tienen la virtud, y por eso he preferido acercarme a la primera novela de Félix J. Palma que a la que tantos aplausos está obteniendo, de dejar los datos suficientes para saber hasta dónde quiere llegar el autor, que es algo fundamental, y hasta dónde puede
llegar, que también resulta esencial. Bien, después de haber leído, asombrado, “La hormiga que quiso ser astronauta”, tengo que decir, que estoy convencido que el sanluqueño, si literariamente no se malogra, y lo desea, en pocos años puede convertirse en uno de los autores más importantes del país, que necesita de forma urgente, nuevas plumas que complementen, y poco a poco sustituyan, a los ya consagrados que se encuentran creativamente agotados. Me ha sorprendido la temática de la obra, y la valentía de presentar una novela de tales características, en un mercado, en el que se apuesta casi siempre por tramas conservadoras, a no ser que el autor sea un valor consolidado. No cabe duda, que Félix J. Palma ha hecho la novela que deseaba realizar, lo que en principio, por su valentía, merece un aplauso, pero lo que más me ha llamado la atención, es el desparpajo y la solvencia con el que ha afrontado el tema, de suerte que, el lector, debido a la altitud media que encuentra, teme que la novela, de un momento a otro pueda venirse abajo, lo que en ningún momento sucede. Lo anterior quiere decir sencillamente, que ha aparecido un autor ambicioso, dotado de la capacidad necesaria, como para hacer realidad sus proyectos, lo que dicho así puede parecer poca cosa, pero la realidad dice, que tal combinación sólo se encuentra al alcance de unos pocos. Es una novela, que para colmo, se desarrolla en los límites mismos de lo que denomino la literatura del yo, pero afortunadamente nunca llega a caer en ella, aunque a veces, parece que se va a precipitar en el callejón sin salida que ese tipo de literatura representa. No, la novela aspira a más, no sólo a mostrar el peregrinaje de un determinado personaje por una realidad que se le presenta hostil, sino que señala, a que es posible una existencia diferente, que para muchos puede encontrarse instalada en la inmadurez, pero seguro que a años luz de la mediocridad imperante.
La historia trata, de un joven que inconscientemente se niega a enfrentarse a la realidad, viviendo en un mundo propio, a pesar, de haber abandonado el hogar materno y de vivir instalado en una gran ciudad. Vivía en su mundo, acompañado de su amigo invisible y de sus fantasías, pero ese mundo era puesto sistemáticamente en jaque por sus eventuales parejas, que trataban de obligarlo a que de una vez por toda madurase, a que se enfrentara definitivamente a la realidad, pero él decidió, después de haber intentado lo contrario, como si de un astronauta se tratara, de encontrar un lugar entre las hormigas y las estrellas, entre la monótona cotidianidad en donde mantenían aparcada sus vidas los que sólo se limitaban a aceptar lo que encontraban a su alrededor, y la belleza de lo que podría ser.
“La hormiga que quiso ser astronauta” es una obra que aporta un poco de aire fresco, realizada por alguien que domina este extraño arte de contar historias mediante la palabra escrita, que consigue no caer en lo ingenioso ni en lo gracioso, aunque evidentemente, la novela resulte ingeniosa y simpática. En resumen, una buena primera novela, que me va a obligar a leer “El mapa del tiempo”, y a seguir con detenimiento la carrera de su autor, pues estoy convencido, que he tropezado con una promesa literaria, que con el tiempo aportará grandes novelas con las que podré disfrutar.
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EL SÍNDROME DE DON QUIJOTE
Enviado por Félix el Sáb, 25/07/2009 - 10:58.
Queridos visitantes: aquí os dejo una reseña de mi novela La hormiga que quiso ser astronauta aparecida en el blog Estado crítico, a cargo de mi colega y amigo Luis Manuel Ruiz, a quien aprovecho para enviar un fuerte abrazo:
EL SÍNDROME DE DON QUIJOTE
Hasta fecha relativamente reciente, la bibliografía de Félix J. Palma registraba una única novela, aparecida en 2001 en las prensas de una famosa librería de Cádiz que esporádicamente incurre en la práctica editorial, y que solía presentarse en las pestañas y los currículos de los periódicos con el sospechoso apelativo de novela juvenil. Al recorrer ahora dicho título, La hormiga que quiso ser astronauta, meticulosamente reeditado por Alamut, uno comprende y no comprende la precaución del adjetivo. Comprende: porque muchos de los guiños, o clichés, o motores de la acción parecen ir dirigidos a un lector de tipo adolescente, de los que aún atesoran granos sin secar en las mejillas, y ello porque se trata, en fin, de lo que los críticos gustan de tildar de novela de iniciación o formación, o, si impostamos la voz, Bildungsroman. No comprende: porque nos hallamos ante una novela plenamente adulta, cerrada, planeada con escrúpulo y sentido de la orientación, donde aparecen reconocibles por completo y en fase de ignición todas las constantes de la obra de su autor, estilo, obsesiones, manías y actitud general tanto frente a la labor de creación como a la realidad que trata de completar o a la que da réplica.
En sus dos novelas posteriores, Las corrientes oceánicas (Algaida, 2006) y El mapa del tiempo (ibídem, 2008), Palma ha explorado los limites de la literatura de género aportando sus particulares ingredientes de ironía, introspección y miniaturismo estilístico. La hormiga, sin embargo, discurre por cauces diferentes y más afines, tal vez, a sus cuentos, sobre todo los de la primera hornada, los incluidos en El vigilante de la salamandra y Métodos de supervivencia. Igual que en estas dos recopilaciones inaugurales, el protagonista del texto que nos ocupa es una especie de adulto retardado que a pesar de la fecha que rubrica su carné de identidad se empeña en contemplar el universo a través de las antiparras de la niñez, lo que es decir la metáfora o la fantasía más desenfrenada: ese síndrome de Don Quijote le permite manejar su vida, en especial los sucesos más escabrosos, con una despreocupación de que no gozan el resto de personas que le rodean, pero también le impide hacerse cargo de las distancias reales que le separan (o unen) de todos ellos, en especial esa larga lista de amantes que se va ampliando con cada nueva letra del abecedario (Artemisa, Blanca, Coral…). Los continuos préstamos librescos, a menudo en clave de parodia (el inicio del cuarto capítulo se burla de La metamorfosis de Kafka; el del décimo, de Nabokov; el capítulo tercero contiene una versión llena de acrimonia de la magdalena de Proust) parecen apuntar en la misma dirección: la imaginación (o la literatura) es una especie de resfriado del que la mayoría se cura al vestir el primer pantalón largo, pero que en ciertos individuos se alarga molestamente impidiéndoles llevar una vida normal, al menos todo lo normal que lo consideran los ministerios y las agencias financieras. La hormiga que quiso ser astronauta es la descripción de dicha enfermedad y su proceso de sanación en un pobre soñador que podría ser cualquiera de nosotros y que, quizá, guarda ambiguas similitudes con el propio autor. La vida es sueño, reveló cierto clásico de mármol de nuestras letras, y Palma añade: por favor, no den portazos.
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UN DESPARPAJO VERBAL PRODIGIOSO
Enviado por Félix el Jue, 23/07/2009 - 19:04.
Estimados visitantes: aquí os dejo una reseña de mi novela La hormiga que quiso ser astronauta escrita por el Sr. Molina, viejo conocido de estas páginas, en el blog Solodelibros:
La hormiga que quiso ser astronauta fue la primera novela de Félix J. Palma. Como afirma Juan Bonilla en el prólogo a esta nueva edición de Alamut, después de firmar un libro de relatos como El vigilante de la salamandra (obra maestra del género breve donde las haya) se esperaba del autor una novela que dejara en pañales a Fortunata y Jacinta. Y no. No porque Palma no sea buen escritor, que lo es —y mucho—, sino porque las expectativas no fueron las adecuadas.
Esta novela es un compendio de las mejores virtudes de Palma como narrador: es divertida (divertidísima, de hecho), es irónica y hace gala de un estilo brillante como pocos en la literatura española; metáforas luminosas, comparaciones imposibles y, en general, una imaginería verbal exuberante. Características que se podían encontrar en sus trabajos más breves y que en este libro explota con sabiduría y pulso.
No obstante, el demérito más ostensible de La hormiga que quiso ser astronauta es su falta de unidad. En pocas palabras se podría decir que la novela narra la irrupción —a la fuerza— en la madurez de Alejandro, un joven que se aferra a su imaginación para no afrontar las responsabilidades que demanda el mundo adulto; y en ese sentido, es cierto que el libro va dibujando la figura del protagonista con cierta intuición, pero esa personalidad se define más bien por un conjunto de vivencias, una amalgama de anécdotas que dan cuenta del buen hacer de Palma en las distancias cortas. Los episodios que conforman el texto se podrían leer como un compendio de relatos, ya que las vicisitudes de Alejandro quedan aisladas dentro de un marco general bastante endeble: una excusa para hilar distintos sucesos con cierta autonomía respecto de la trama principal.
Un error que desdibuja el grandísimo trabajo a nivel formal que el autor lleva a cabo a lo largo de las doscientas y pico páginas de un libro que se lee con ganas, con pasión y a ratos con auténtica devoción. El desparpajo verbal de Palma es prodigioso, de un control impresionante sobre los elementos narrativos y con un sentido del humor que empapa todo el texto. Este último detalle, que aparece en toda su obra, se convierte aquí en una pieza fundamental para afrontar la historia de Alejandro, el eterno Peter Pan que renuncia a la formalidad para quedarse anclado en su mundo de ilusión. El lenguaje irónico, sarcástico, desopilante casi en todo momento hace de la lectura no sólo un ejercicio de diversión, sino un recorrido por la capacidad del humor para reinterpretar el mundo y darle forma. A través de este elemento, Palma teje la fábula del protagonista y la dota de un sentido especial, ya que de otra manera la manida historia del adolescente que se niega a madurar devendría tediosa.
A pesar de la deslavazada armazón de la novela, lo cierto es que el talento del escritor logra cohesionar el conjunto de elementos y hacer de la lectura una experiencia más o menos continuada. Asistimos a las diferentes experiencias amorosas de Alejandro, a sus desternillantes desventuras con pasión y, aunque el hilo de la trama es casi invisible en algunas ocasiones, nos dejamos embelesar por la poderosa maquinaria estilística de Palma y por una suerte de ardor literario que impregna todo el libro. Y es que quizá no haya que ahondar demasiado en los entresijos formales de esta obra: su lectura, amén de divertida, no renuncia a buscar en lo más hondo de nosotros esa parte que huye, que se refugia de lo insoportable de la cotidianeidad en nuestro interior y construye una realidad privada e inaccesible. Esa realidad íntima es lo que nos salva de la mediocridad, del olvido y de la injusticia, y de ella da cuenta Palma gracias a su buen hacer. Revelaciones como ésa bien pueden hacer que se perdonen los fallos formales más clamorosos, creo yo.
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UNA NOVELA DIVERTIDA Y ÁCIDA
Enviado por Félix el Sáb, 27/06/2009 - 20:24.
Queridos visitantes, aquí os dejo una reseña de mi novela La hormiga que quiso ser astronauta, aparecida en el blog Todavía, a cargo de Rosita Fraguel, a quien desde aquí mando un agradecido abrazo:
LA HORMIGA QUE QUISO SER ASTRONAUTA
"La hormiga que quiso ser astronauta" es la primera novela de Felix J. Palma, autor del ahora ya famoso "Mapa del tiempo". Publicada por primera vez en el año 2001, acaba de ser reeditada. Su argumento y tono tienen poco que ver con el de el "Mapa..." y según los comentarios del propio autor también se aleja del estilo y objeto del resto de su producción literaria. Sin embargo, la trama se mueve igual que en el "Mapa..." en el terreno de lo fantástico, aunque con rescate final.
"La hormiga..." es una novela cargada de humor, lúdica, espontánea, surrealista que acaba convirtiéndose en una reflexión sobre un universal: la aceptación del paso de la infancia a la madurez. Divertidísima y ácida, somete al protagonista al papel de víctima de su propio creador quien acabará apiadándose de él como lo hiciera Cervantes con su Quijote. Y la comparación no es casual. Este Quijote actual se debate con la ceguera de otro tipo de locura, un síndrome de Peter Pan que arrastra al protagonista de Dulcinea en Dulcinea buscándose a sí mismo. Porque el amor romántico puede interpretarse como un síntoma más de la inmadurez. O no.
El rescate final que antes apuntaba y que no desvelaré, es probablemente el punto más débil de la novela. Quizá porque aquejada del mismo mal que el protagonista no he sabido aceptar sumisamente el viraje del argumento o quizá porque este no es lo suficientemente diestro. La disparada tensión de toda la trama, en línea recta fluida y fresca, se retuerce de repente e introduce al lector en un laberinto de curvas inesperado. Pero que nadie se engañe, se trata de la novela de un escritor maduro y ágil en el oficio, capaz de satisfacer la perspicacia del lector entrenado.
Dice Juan Bonilla en la introducción: "Quien no lea por mero placer, no tiene mucho que hacer aquí". No creo que yo pudiera expresarlo mejor. Así que para los que tengan algo que hacer aquí, quede esta invitación a su lectura.
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UNA OBRA DISPARATADA
Enviado por Félix el Mar, 23/06/2009 - 08:58.
Queridos visitantes: aquí os dejo una reseña sobre La hormiga que quiso ser astronauta aparecida en el blog La biblioteca imaginaria, a cargo de Cristina Monteoliva.
LA HORMIGA QUE QUISO SER ASTRONAUTA
El tiempo pasa deprisa. Dejamos pronto la niñez, la adolescencia queda atrás en un abrir y cerrar de ojos. Nuestros cuerpos crecen, se desarrollan, empiezan a acusar los primeros achaques en forma de canas o pequeñas arrugas. Pero, ¿qué pasa cuando nuestras mentes se niegan a seguir el camino hacia adelante? ¿Cuándo se supone que debemos empezar a madurar? Todos lo que le rodean se han preguntado alguna vez esto último en relación a Álex, el protagonista de La Hormiga que quiso ser astronauta, la novela de Félix J. Palma que hoy revisaremos
Está claro que Alex, o Alejandro, ese chico sin oficio conocido que vive en un ático de Sevilla, el mismo que se mudara desde su pueblo natal hasta la capital andaluza sabe Dios para qué, tiene imán para las mujeres. Sus novias son, normalmente, chicas guapas, inteligentes e interesantes, extraordinarios seres que, inevitablemente, acabarán dejándole, cuando no es él el que sale despavorido en dirección contraria. Pero, ¿porqué es tan difícil para Álex encontrar el amor verdadero y conservarlo? ¿Acaso no existe la mujer perfecta para él? ¿No estará la respuesta precisamente delante de las narices de este joven?
Puesto que en esta novela atípica los capítulos se disponen en orden decreciente (el primero tiene el número quince), no resultará tan raro que yo empiece por el final. ¿Y qué es exactamente lo último que encontraremos en este libro? Un epígrafe titulado Nota del editor en el que, entre otras cosas, se nos recuerda que este libro, a pesar de publicarse ahora, justo después del gran éxito de la novela de Félix J. Palma, El mapa del tiempo, fue escrita hace más de una década, en un tiempo en el que no existían los móviles, casi nadie estaba aún enganchado a internet y no era raro que se usaran las máquinas de escribir. Pero, sobretodo, como nos recuerda el editor, esta obra fue escrita mucho antes de que algunos títulos cinematográficos hicieran mención a ciertos elementos, digámoslo así, que componen esta novela. La verdad es que esta historia podría recordarnos en parte a otros muchos títulos, anteriores o posteriores. O en realidad no recordarnos a ninguno, pues si bien es cierto que existen ciertas coincidencias, yo aún no he visto ni leído nada que se acerque tanto a este Alejandro creado por el escritor de Sanlúcar de Barrameda.
Único: como Alejandro Alcina Fuentes, el protagonista absoluto y colorista narrador, no hay otro. Ninguno más podría pedir siempre las pizzas sin anchoas, sospechar que el pizzero le espía, trucar cabinas de teléfono, aficionarse a los suicidios amañados, ser fan de Star Wars y negarse a ver el resto de la saga, hacerse una ridícula armadura para lucirla cuando sus novias le abandonan, curar su depresión con mordiscos de anguilas mutantes y tener un sentido de la responsabilidad tan increíblemente escaso. Ningún otro, además, utilizaría una prosa tan barroca en explicaciones, metáforas y símiles, tan cargada de elementos fantásticos como reales, tan dramática a veces como cómica otras.
Para Álex, en realidad, lo único que parece importar es una cosa: encontrar el amor verdadero, ese que parece que siempre se le escapa. Pero, ¿se le escapa o es él el que lo deja escapar? ¿No será que confunde el sexo con el amor, y después de un tiempo no es capaz de afrontar que una relación de pareja es algo mucho más profundo? Tendrás que leer esta novela para descubrirlo.
La hormiga que quiso ser astronauta, en definitiva, es una apuesta diferente, una obra disparatada en la que realidad y fantasía se dan la mano gracias a su protagonista y en la que, a la vez, se nos invita a la reflexión, a mirarnos a nosotros mismos tras conocer la verdad que se esconde tras un tipo que parece que nunca dejará la adolescencia, que nunca será capaz de hacer nada en la vida.
Es duro afrontar que los años pasos, que ya no somos esos niños despreocupados que se pasaban el verano viendo la tele y jugando en el jardín o la playa con amigos reales o imaginarios. No dejéis de leer La hormiga que quiso ser astronauta, esta divertida novela de interesantísimo final insospechado, para saber que, en todo caso, siempre existe gente mucho más inmadura que tú.
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