Bienvenidos a la página Web del escritor Félix J. Palma, cuentista y novelista, no necesariamente en ese orden. Aquí podrán encontrar información completa y actualizada sobre el autor y su obra. Si desean una aproximación más cercana, pueden visitar su blog, donde el autor habla de todo lo que se le ocurre, desde su concepción de la literatura hasta sus series favoritas.
blog de Félix
EL MAGO DEL CUENTO ESPAÑOL
Enviado por Félix el Sáb, 19/06/2010 - 21:15.
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Queridos amigos, aquí os dejo una reseña de El menor espectáculo del mundo aparecida en el blog Agitadoras, a cargo del gran Diego Prado, al que desde aquí envío un fuerte abrazo. La reseña está acompañada de unas fotos que tal vez os resulten un poco extrañas, y que pertenecen a una mesa redonda sobre viajes temporales en las que participé con otros amigos escritores, como Fernando Marías, Patricia Esteban Erlés o José Carlos Somoza:
Podría afirmar rotundamente que Félix J. Palma es un extraterrestre, un ser venido de otro planeta que, aprovechando una dimensión de la realidad vedada a la mayor parte de los demás, lleva años escribiendo libros fabulosos y viviendo entre nosotros tan pancho. También podría enunciar mi opinión en forma de titular sensacionalista, tal que así: vuelve el mago del cuento español. De una u otra manera acertaría, sin duda. Porque al lector que aún desconozca las historias de Palma le bastará con leer este libro, el quinto volumen de cuentos que publica, para darse cuenta de que, efectivamente, mucho hay de magia y prestidigitación en estos relatos.
Tras el tour de force que supuso su monumental novela “El mapa del tiempo” hace apenas un año, Félix J. Palma (gaditano del 68 según dice la leyenda) retorna en estado de gracia al género que le dio a conocer y con el que ha obtenido no sólo todos los premios de cuento habidos y por haber en nuestra geografía, sino lectores incondicionales para los restos.
Esta nueva entrega, titulada con el circense nombre de “El menor espectáculo del mundo”, anuncia ya desde su primer magnífico cuento que el autor no se anda con rodeos. El presagio inicial de que estamos ante un escritor tocado por la gracia divina no hace sino confirmarse a medida que avanzamos en la lectura. Una imaginación a raudales, un lenguaje adornado aquí y allá por bellísimas metáforas, un poderío verbal del mejor cuño y el lirismo característico que le ha venido acompañando desde el primero de sus libros hacen de Palma el más destacado autor de cuentos en lengua castellana de los últimos veinticinco años (con permiso de Hipólito G. Navarro).
La cuentística de Félix J. Palma nace directamente del cuento clásico en su intención de subvertir la realidad, viene tanto de la fascinación intemporal de Poe como la de los grandes autores hispanoamericanos. Pero su visión del mundo es tan insólita y sorprendente que también nos recuerda esa capacidad para trastocar los hechos más cotidianos que poseía el maestro Calders (al que, por cierto, tanto debe el primer Monzó). No obstante, todo lo dicho no es sino un burdo intento por ofrecer unas pocas pistas, puesto que Palma es dueño de un estilo tan brillante y de una inventiva tan fecunda que escapa a cualquier comparación.
Seres desencantados, capaces de fingir que todo funciona aún cuando se están meciendo en el filo del acantilado, parejas desgastadas por el uso y el abuso, viejos que intentan distraerse con la muerte ajena, muñecas que abandonan a sus dueñas para escribirles cartas desde lejos, fantasmas que se comunican con sus familiares garabateando mensajes en la puerta de un retrete, y así hasta lo impensable.
Al inicio he tildado a Palma de alienígena de las letras, de criatura capaz de husmear en los mil repliegues del alma humana para fabular con ello y abducir al lector. Me reafirmo. “El menor espectáculo del mundo” no tiene de menor más que ese provocador adjetivo del título.- 1 comentario
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UN NARRADOR BRILLANTE
Enviado por Félix el Sáb, 19/06/2010 - 20:37.
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Queridos amigos, aquí os dejo una reseña de El menor espectáculo del mundo, aparecida en la revista web Anika entre libros, a cargo de María Dolores García Pastor (FOTO), a quien aprovecho para enviar un abrazo por sus palabras y su simpatía: ¿Y cómo consigue todo eso este escritor? En primer lugar alumbrando para el lector unos relatos de excelente manufactura. Palma construye las imágenes más hermosas para sumergirnos en un peculiar universo sensorial. Los textos están trabajados a conciencia más allá de la trama. Las palabras, las metáforas, las imágenes… consiguen hacer que disfrutemos del lenguaje en sí mismo, independientemente de lo que se nos está contando, podemos recrearnos en su musicalidad y en su belleza. Y este lenguaje tan poético va siempre acompañado de una mirada ingeniosa y divertida que es la del narrador que nos cuenta la historia, en primera persona casi siempre, y nos hace cómplices. Palma es conocido por su habilidad como cuentista, por su dominio a la hora de introducir elementos fantásticos dentro de la realidad más cotidiana como digno deudor del mismísimo Cortázar. En esta ocasión va más allá y se codea con el absurdo sin que el lector pierda la sensación de realidad, sin privar a sus historias de algo tan importante como la verosimilitud. Es tan precisa su descripción del universo cotidiano y consigue introducirnos de una manera tan palpable en él que lo que viene después, el elemento desestabilizador de esa realidad, no nos parece extraño aunque nos haya sobresaltado en un primer momento al encontrarlo ahí. Con todo ello Palma reflexiona sobre la incomunicación, el amor y el desamor o el absurdo de la existencia, ahí es nada. Después de leerle me uno a los que ven en él a uno de los narradores más brillantes y originales de la actualidad. En cinco palabras: nueve cuentos fantásticos fantásticamente contados. Y sin más preludios, adelante, pasen y lean.
Nueve son los cuentos que componen este libro de Félix J. Palma. Nueve mundos a los que nos arrastra su autor. Nueve universos en los que quedamos atrapados con cada palabra. Me gustan los libros que me hacen sentir, que despiertan emociones a medida que voy paseando por sus páginas y "El menor espectáculo del mundo"me ha hecho sentir, desde sus primeras líneas, emoción, tristeza, ternura, sorpresa… y lo que más me ha gustado: todo ello con una incipiente sonrisa en los labios. Y eso porque su autor es capaz de convertir en extraordinarias las situaciones más corrientes y de quitarle hierro con su sugerente humor a las más dramáticas.
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UN GRAN ESPECTÁCULO
Enviado por Félix el Jue, 03/06/2010 - 16:12.
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Estimados amigos, aquí os dejo una divertida reseña de El menor espectáculo del mundo, escrita por Cristina Monteoliva en su revista web, La biblioeteca imaginaria:
Es verano en la ciudad, y mientras muchos comienzan el peregrinar hacia las playas, los menos afortunados tenemos que conformarnos con las escasas distracciones que ofrece la urbe en esta estación: el cine al aire libre donde proyectan siempre la misma película, el parque del barrio, la verbena de mediados de agosto... Pero, ¿qué es lo que ven mis ojos? ¡Venid conmigo, niños! ¡Han llegado dos circos al descampado cercano a la autovía! Uno es grande y tiene leones y elefantes, una afamada equilibrista que sale cada dos por tres en la tele y una carpa enorme. El otro, modesto en tamaño, tiene un nombre curioso: “El menor espectáculo del mundo”. Su director, un señor con chistera llamado Félix J. Palma, acaba de darme un bonito folleto que habla de sus nueve curiosos espectáculos. ¿Te atreves a entrar conmigo?
Estoy segura de que muchos de vosotros conoceréis a Félix J. Palma, el director de esta modesta empresa (o no tan modesta), en forma de libro de relatos gracias a su afamado espectáculo en forma de novela titulada “El mapa del tiempo”, la misma obra que, de forma tan merecida, está dando la vuelta al mundo. Puede, por tanto, que os sorprenda su incursión en el mundo cuento, un género que, al igual que los circos humildes que recorren los pueblos en verano, tan sólo llega a una pequeña parte de la población (de población lectora, en este caso). Sabed entonces, si estáis dentro de este supuesto, que Félix J. Palma lleva años cultivando con éxito este género aún minoritario en España, que antes de alcanzar el éxito y la fama con su increíble mapa temporal ya hacía las delicias de sus lectores con sus fantásticos (en el doble sentido de la palabra) relatos.
Pero, ¿qué es lo que hallaréis en este volumen? “El menor espectáculo del mundo” está compuesto por un total de nueve divertidos relatos que cabalgan entre la realidad y la fantasía, la mayoría de ellos de larga extensión (estas historias no tendrían la misma intensidad si se narraran más brevemente), todos ellos protagonizados por hombres que, ya sea con voz propia (en la mayoría de los cuentos) o con la voz externa del narrador omnisciente, nos dan a entender que son unos fracasados, fundamentalmente en el campo sentimental. El ingenio de Palma no tiene fin a la hora de meter a estos pobres hombres en las situaciones más inverosímiles, de hacerlos sufrir hasta alcanzar un final que producirá en el lector una sonrisa, un gesto de exclamación o el sobrecogimiento más profundo. Todo ello, por supuesto, con un estilo único, fresco, una forma de escribir que logra la empatía con el lector y en el que no faltan los más originales símiles y el sentido del humor, de una forma u otra.
Entonces, ¿quién determina si una cosa es pequeña o grande? ¿Es la novela el gran espectáculo y el cuento el modesto? ¿Qué historias merecen ser contadas y cuáles no? ¿Es que acaso no es toda una hazaña conseguir que una niña piense que su muñeca se ha ido de viaje y le escribe cartas desde su destino, o el descubrir el secreto de tu amada e intentar seguir estoicamente adelante con el compromiso? ¿No merece la pena prestar atención a las aventuras del ese otro que quiere reconquistar a su mujer gracias a la ayuda del fantasma de su tío, o a las del tipo que se desdobla (dando sentido, por cierto, a eso del “más difícil todavía”) en un intento de dar emoción a un aburrido domingo? ¿Y qué me decís del padre que intenta escapar de un absurdo encierro para rescatar a su hija, o del hombre que piensa que un gato maulla su nombre, o del anciano que intenta cumplir la última voluntad de una amiga, o hasta del vendedor de enciclopedias que acaba celebrando con la anciana que le abre la puerta su cumpleaños?
Como los circos que ofrecen las más sorprendentes atracciones y los más rebuscados efectos, así llegarán a vosotros aquellas obras que venden miles de ejemplares. Gran cantidad de ellas, sin embargo, caerán pronto en el olvido al no tener esa chispa que se queda fija en el alma del lector. Eso no sucede con la escritura de Félix J. Palma, y los cuentos de este autor de los que hoy os hablo, todas estas pequeñas grandes historias cargadas de sentimiento, con tan peculiares tramas de final incierto, permanecerán durante años en la mente de los lectores, como el grato recuerdo del placer de su lectura.
Por eso hoy os digo: ¡Adentráos en la carpa de El menor espectáculo del mundo, amigos! Disfrutad con sus equilibristas, mentalistas y demás. Asombraos con sus pequeñas y grandes hazañas, reír a carcajadas con sus torpezas, emocionaos con la fantasía y la ternura que desprenden estas actuaciones. Pasaréis un rato inolvidable. ¡Animáos ya, niños y niñas!
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UN SOBRESALIENTE LIBRO DE RELATOS
Enviado por Félix el Jue, 03/06/2010 - 16:00.
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Estimados visitantes, aquí os dejo una reseña de El menor espectáculo del mundo aparecida en el blog El placer de la lectura.com. Para ilustrarla, he escogido un par de fotos de la presentación del libro en Madrid, que corrió a cargo del gran escritor Óscar Esquivias y contó con la lectura de uno de los relatos del libro, en concreto Maullidos, al que dió vida la aterciopelada voz de M.J. Bausá:
EL PLACER DE LA PALABRA
Leer sus cuentos es tan visual como leer una novela gráfica. Es totalmente vívido, nítido, definido y real. Las letras del libro desaparecen por ensalmo y nos adentramos en todos sus relatos para vivirlos intensamente. De hecho estoy tentado de hablar con el editor y el autor para buscar la forma de ilustrarlos y hacer cómic con ellos... pagando yo, claro.
Además gozan sus relatos del punto fantástico equilibrado como las especias que no deben saturar la comida ni dejarlas sosa sino reforzar el sabor de la misma. Félix lo consigue sobresalientemente. Desde los ancianos combativos anti-tubos hospitalarios hasta los mensajes del mas allá grafiteados en el retrete de un bar, pasando por el duplicador de hombres seccionándolos en cada decisión tomada.
Los cuentos que carecen de su dosis de fantasía aún disponen de la chispa y la gracia del trabajo rematado, terminado, empaquetado y adornado para regalo. Y es por qué Palma sólo deja sin documentar los inicios zurciendo primorosamente con encaje de bolillos los finales que nos quitan la desazón y la curiosidad que nos embarga en todos ellos.
Todos sus protagonistas son masculinos lo que seguramente ha incidido en que me sienta más fácilmente identificado con ellos pero estoy convencido que la lectora femenina se reirá del torpón marido encerrado en el trastero con la tabla de planchar impidiéndole salir o dándosela con queso al cónyuge con los amigos de este o con el lector de Anna Karenina del pueblo.
En fin, una experiencia especial a la que otorgamos un notable alto y que espero disfruten tal y como yo lo hecho.
Pepe Rodríguez
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UN VERDADERO PLACER
Enviado por Félix el Vie, 30/04/2010 - 08:06.
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Queridos visitantes, aquí os dejo la primera reseña aparecida de El menor espectáculo del mundo, en el blog literario Solo de libros, a cargo del Sr Molina, al que mando un agradecido abrazo:
El que Félix J. Palma haya vuelto al terreno del cuento es una estupenda noticia para cualquier aficionado a la literatura. Como ya apuntó uno en su momento, puede que su incursión en la novela (El mapa del tiempo) no fuera todo lo brillante que cabía esperar, pero después de leer El menor espectáculo del mundo no me cabe duda de que el mejor Palma ha vuelto a aparecer.
Esta colección de nueve relatos nos devuelve a un escritor concienzudo y original, con un estilo de brillantes metáforas y con una visión del mundo peculiar, fantástica y terrorífica a partes iguales. Las historias de estos relatos se mueven en torno al amor, abordándolo desde multitud de ópticas; ojo, no esperen relaciones armoniosas y romances con final feliz, porque no los encontrarán. Aun cuando hay historias que terminan bien, Palma se las ingenia para introducir elementos que desestabilizan a los personajes y les sumergen en la duda o la inquietud. “Una palabra tuya”, por ejemplo, siendo como es uno de los textos más optimistas (en el sentido que comentaba), nos ofrece un retrato despiadado de la tensión matrimonial: ¿hasta dónde se puede llegar por el amor a un hijo?; ¿contribuye ese amor al de la propia pareja, o bien lo desgasta?; ¿sublimamos en los hijos la pasión ya extinta? Como el mismo narrador afirma: «la niña se convirtió en [...] una pequeña tirana que nos neutralizaba como pareja, obligándonos a expresar nuestro amor a través de ella misma, como dos ventrílocuos torpes».
Aunque en general las historias se mantienen dentro de un ámbito realista, lo insólito asoma en múltiples ocasiones y se enseñorea del desarrollo de las tramas. Palma se mueve como pez en el agua dentro de un imaginario surreal y fantástico: “Margabarismos”, sin ir más lejos, pone en comunicación a un desesperado hombre con su difunto tío para tratar de recuperar a su mujer; algo parecido sucede en “Bibelot”, en el que el amor tiene conexiones incluso con el más allá. Y una de los cuentos más elaborados y con un desarrollo más original, “Las siete vidas (o así) de Sebastián Mingorance”, también nos introduce en la fantasía más desbordante con la multiplicación de planos dentro del relato. Lo cotidiano está siempre presente, ya que el tratamiento de las relaciones personales se aborda desde una perspectiva muy humana, pero la originalidad estriba en dotar a casi todos los textos de un componente mágico, oscuro o inesperado que enriquece el conjunto y propone otras lecturas alternativas.
Hay que hacer especial hincapié en el estilo de Palma, elaborado a conciencia y con brillantes aciertos formales. Su dominio de la metáfora y la comparación es asombroso, el ritmo de los relatos es fluido y el desarrollo está minuciosamente trabajado para alcanzar los clímax y mantener la atención de principio a fin. Además, la construcción de los personajes es también digna de elogio. Los protagonistas de los cuentos están caracterizados con mucha profundidad: no tanto a nivel individual (en ese sentido es difícil distinguirlos, ya que no se trabajan sus facetas más reconocibles o idiosincráticas), sino a un nivel más universal. En los personajes de estos relatos hay muchísima humanidad, aunque las situaciones en los que se ven envueltos sean disparatadas o terribles; el genio de Félix J. Palma se revela en la hondura con la que están compuestos, la verosimilitud que presentan sus acciones y la empatía que suscitan sus sentimientos. Más allá de la imaginación exacerbada o de la aventura extravagante, la verdad es que estos protagonistas son espejos de nosotros mismos: algo que muestra a las claras el talento de Palma como narrador.
El menor espectáculo del mundo es un verdadero placer, un libro de relatos que aúna lo mejor de la tradición fantástica con el compromiso narrativo y la observación minuciosa del ser humano. Félix J. Palma nos ha regalado una obra inteligente y divertida, con historias que muestran lo peor y lo mejor de nosotros. Si no han tenido el placer de leerla, no pierdan el tiempo y háganlo: no se arrepentirán.
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ÁNGEL OLGOSO ME ODIA
Enviado por Félix el Mar, 20/04/2010 - 20:34.
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Estimados visitantes, aquí os dejo la bella y cariñosa (y exagerada, evidentemente) presentación que el excelente cuentista Ángel Olgoso (no os perdáis su libro La máquina de languidecer, una colección de microrelatos imprescindible) realizó de mi último libro de relatos, El menor espectáculo del mundo. Como él mismo explica, su presentación emulaba la que yo escribí sobre Care Santos hace unos meses, y que también podéis leer en este blog. Quién sabe si, a lo tonto, no estamos creando una escuela de presentaciones: las 10 razones por las que odio a...
Presentación de Ángel Olgoso
Buenas tardes y bienvenidos al menor y más lamentable espectáculo del mundo. No me refiero por ahora a este maravilloso libro, sino al penoso espectáculo que van a dar a continuación -que están dando ya- estos dos tímidos patológicos aquí presentes, aterrorizados frente a un público expectante, compuesto sí por amigos, conocidos y aficionados al relato breve y fantástico y a la literatura en general, pero también un público feroz en su individualidad de seres provistos de ojos, de oídos y de cerebros dispuestos para cartografiar sin piedad y para paralizar de miedo a estas dos criaturas indefensas y cohibidas, cuyo único pecado es escribir de vez en cuando, y que se han visto obligadas a comparecer hoy aquí amenazadas de muerte por un ogro monstruoso, horripilante, llamado Editor (dicho sea con permiso de Encarni, su mujer y paisana nuestra, que se encuentra en la sala).
Hace unos meses, Félix J. Palma, sufriendo sin duda la misma tortura que un servidor, presentó un libro de la escritora Care Santos y tituló su intervención “10 razones por las que odio a Care Santos”. Por supuesto, no podía dejar pasar esta oportunidad que él mismo, sin saberlo, me servía en bandeja y elaborar yo la mía siguiendo sus directrices. Seguramente no es la presentación que Félix esperaba, pero me pareció irresistible la tentación de darle una cucharada de su propia y vitriólica medicina. El ingrediente principal de aquella pieza maestra de las presentaciones literarias que Félix escribió era el humor; en esta ocasión, como obviamente no estoy dotado para tan noble cualidad, he optado por limitarme a un ingrediente local que abunda en nuestra tierra hasta límites de plaga y que todos conocéis: la malafollá.
Una. Porque es más joven. Puede parecer que una diferencia de siete años es un minucia, pero os aseguro que las neuronas, la vista, las rodillas y los demás salientes que el viento puede erosionar lo notan, por no hablar del tiempo extra del que va a disponer Félix para escribir nuevas obras maestras.
Dos. Porque es más prolífico. A sus cinco libros de relatos -fantásticos en su doble sentido- hay que sumar una novela juvenil muy sui generis, otra novela que es un verdadero viaje a los infiernos, una tercera que es la mejor novela de ciencia ficción -y mucho más- escrita en España, cientos de columnas de prensa y de críticas literarias y la guinda de un blog propio donde encuentra tiempo para informar a sus miles de lectores de sus viajes por este y otros mundos. Mientras algunos, debido a nuestra evidente falta de talento, reprobable pereza y exasperante lentitud, tardamos cinco años en pergeñar un relato de quince páginas y al final lo que escribimos no parece sino una simple guarnición, tengo la dolorosa constatación de que a Félix únicamente le llevó dos años elaborar ese rotundo plato principal, levantar ese monumento ciclópeo de casi 700 páginas que es “El mapa del tiempo”, y hacerlo además con una energía y una maestría sobrehumanas. Con lo cual Félix no es sólo el escritor más odioso que conozco, sino también el más titánico.
Tres. Porque ha ganado todos los concursos literarios habidos y por haber, sin importarle arruinar las ilusiones de la mayoría de nosotros, pobres aspirantes a la gloria o, lo que es lo mismo, a la bolsa de sextercios municipales y provinciales. Ni Atila el Huno aplicaba de forma tan implacable la táctica de la tierra quemada como lo hace Félix Palma tras su paso por el fértil y florido vergel de los certámenes literarios; aunque, eso sí, de vez en cuando tiene la desfachatez de dejar gentilmente las migajas de los accésit para el resto de la troupe.
Cuatro. Porque es capaz de divertir al lector. Utiliza de manera portentosa el humor, la ironía y el sarcasmo y, según sus necesidades, los dosifica y espolvorea con mesura o los derrocha con loco desenfreno, apelando directamente al lector, al desparpajo del narrador, a la desdramatización de personajes o situaciones o incluso a lo escabroso y escatológico. Muestras de esta envidiable frescura, de este ingenio y de estos guiños fecundos se encuentran en todos los textos de “El menor espectáculo del mundo”, en especial en ese desopilante cuento de fantasmas que es “Margabarismos”, en ese entretejido desternillante de existencias posibles que es “La siete vidas (o así) de Sebastián Mingorance”, y en la absurda y delirante aventura de un padre encerrado en un estrecho trastero que es “Una palabra tuya”. Un consejo -a mi pesar- para los que acostumbran a alimentarse con insípidas e intercambiables lonchas de jamón envasadas al vacío, es que en este volumen, en este auténtico manjar, encontrarán la sabrosa grasa de lo cómico entreverada profusamente con oscuras vetas dramáticas, como en el mejor jamón ibérico.
Cinco. Porque posee una máquina para fabricar de un modo mágico e infatigable metáforas preciosas y sorprendentes, símiles brillantes y originales. Mientras otros las rebuscamos arduamente como en una eterna prospección petrolera, Félix, con la endiablada habilidad de un ilusionista, esculpe sin cesar -mediante continuos fogonazos de analogías- un lenguaje increíblemente plaśtico y sensorial, una exuberancia formal luminosa donde los ojos son revólveres amartillados y las preguntas martillazos inoportunos, donde el sol golpea la ventana como una pedrada, los besos se desovan en la frente y el mar dispone en la orilla su mercadillo de caracolas. Lo más grave es que incluso la locura y el dolor de la vida, la mezquindad cotidiana o los matrimonios condenados a no entenderse devienen en un magma poético gracias a la abrumadora catarata de metáforas. Lo más grave es que este odioso escritor, con la ayuda de su milagroso jarabe de símiles visuales, consigue que el lector beba encantado -diluyéndolos- los tragos de amargura que componen el miserable festín de la existencia.
Seis. Porque logra una empatía total con el lector. Su voz narrativa, segura, poderosa, exploratoria, le permite a éste la reconfortante sensación de una cercanía instantánea con lo narrado, algo dificilísimo de obtener y que la mayoría de los escritores sólo conocemos de oídas. En los cuentos de Félix existe una comunicación real, un vis a vis, una intimidad asombrosa con el lector, que parece ser llevado agradablemente en volandas a merced del vertiginoso tobogán de una acción y una introspección trepidantes, de una viva y certera pirotecnia de imágenes y, sobre todo, de la irresistible filosofía vital de los protagonistas. En este libro son seres solitarios y débiles, hundidos en la ciénaga del tedio, en ocasiones cautivadoramente zafios, siempre patéticos, víctimas de tropelías domésticas, capaces de encerrarse un día y otro a leer mensajes en la puerta del cochambroso retrete de un bar, pero también capaces de conmovedores gestos en las postrimerías de la vida como en el relato “Un ascenso a los infiernos”, o de rebelarse contra la infidelidad en “El síndrome de Karenina” o en “El valiente anestesista” -la insólita vuelta de tuerca al cuento de los hermanos Grimm-, cruzadas que todos ellos consideran heroicas pero que, por desgracia, pasan desapercibidas para la humanidad. La voz narrativa del muy canalla de Félix consigue que el corazón se acelere a medida que nuestros ojos se internan en cada página, y que sintamos el mismo embeleso devorador que la hija en “El País de las Muñecas” cuando lee las cartas que supuestamente le escribe, desde algún rincón perdido del planeta, su muñeca extraviada.
Siete. Porque tiene la osadía de describrir la vulgar realidad y hacerlo de fábula. Los que nos dedicamos cómodamente a cultivar sólo orquídeas raras y exquisitas despreciamos -envidiándolos secretamente- a los autores que muestran un saludable impudor a la hora de dibujar la fealdad del mundo; una destreza innata para recrear, con minuciosa y eficaz exactitud, el universo doméstico y su basura escondida bajo las alfombras, ese “olor familiar hecho de tufo a sumidero, guiso de siempre y vida apretada”; para diseccionar las existencias malgastadas, la descomposición grotesca y desoladora del matrimonio provocada por la carcoma de la años y la rutina, dejándole a los personajes, sin embargo, intacta la esperanza para alzarse del lodazal insoportable en el que han caído.
Ocho. Porque ha encontrado la fórmula, la mezcla justa para obtener de la realidad su destilado fantástico. Mientras algunos seguimos buscándola sin éxito en nuestros polvorientos laboratorios, realizando cientos de pruebas y aproximaciones fallidas, Félix, con cada relato, proporciona al sorprendido y entregado lector un vial que desde entonces le hará percibir la realidad como un hojaldre. Así, asistirá como a la cosa más natural del mundo a encuentros contra natura, a atajos a otras dimensiones, al deslizamiento de lo cotidiano hacia un final inesperado e impactante, al inquietante encadenamiento de hechos que subvierte el orden natural de las cosas, a reencarnaciones como en el relato “Maullidos”, a simulacros de vidas ramificadas como en “Las siete vidas de Sebastián Mingorance” o a un mundo dentro de otro mundo como en el cuento “Bibelot”.
Nueve. Porque tiene la capacidad de crear personajes femeninos tridimensionales, a diferencia de los que nos conformamos con recortar unas siluetas, unos ridículos desmontables de cartón a los que aplicamos algo de colorete con la lastimosa intención de engatusar al lector. Es cierto que muchas veces las mujeres inventadas por Félix son infieles, esquivas y escurridizas, que algunas desprecian a los hombres o los conducen al precipicio de la locura, o que otras contemplan la vida como si fuera “una inacabable parrillada de felicidad”. Pero, por muy perversas que nos resulten -o quizá por ello- todo esto es irrelevante para alguien que invariablemente acaba enamorándose de personajes femeninos tan vivos y tan seductoramente presentados. Como dice el protagonista de un relato del libro, “en el fondo, lo único que nos diferencia de la ameba es el amor de una mujer”.
Diez. Porque es adictivo. Porque aborda sin miedo la literatura de género. Porque es capaz de la hazaña de escribir, magistralmente y sin despeinarse, relatos largos y novelas colosales. Porque ha desempolvado la genuina máquina del tiempo de H. G. Wells y al mismo H. G. Wells. Porque su imaginación y recursos estilísticos son tan inagotables como la energía nuclear de fusión. Porque le quita a uno las ganas de perder el tiempo escribiendo y le despierta a uno las de leer. Demasiado tarde me he dado cuenta de que diez es un número insuficiente para inventariar mi odio hacia Félix J. Palma.
Espero, al menos, que tanto él como los presentes hayan entendido las sensatas razones de este odio. Y espero igualmente que Félix no me odie demasiado por estos motivos pormenorizados que no son de odio, sino de rendida admiración.
Y ahora os dejo con el escritor más odioso que conozco.
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NADA ES COMPARABLE
Enviado por Félix el Mar, 13/04/2010 - 20:38.
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No, nada lo es. Salvo, supongo, tener un hijo. Pero como yo de momento no tengo ninguno, al menos que yo sepa, no puedo compararlo con ver por primera vez un nuevo libro editado. Yo acabo de experimentar esa sensación hoy, al abrir un paquete y encontrar otro puñado de mis sueños encarnados en papel. He contemplado atentamemte su cubierta, apreciando cada detalle, intentando verla con los ojos de un desconocido que se la tropezara en una librería. Y he pasado sus hojas, sintiendo en mis dedos el roce del papel y en mis ojos un torbellino de frases, de palabras, de imágenes que cincelé en un tiempo pasado en la soledad de mi estudio. Yo soy el responsable último de esa cabalgata de palabras, yo soy quien las ha barajado así, yo soy quien he moldeado esos personajes del barro de la nada. Y nada es comparable a esa sensación, a ser repentinamente consciente de que un esfuerzo solitario produce un fruto como ese, algo que depende exclusivamente de mí, de mi intuición y mi paciencia, más que de mi presumible talento. Nada, salvo quizás que alguien lo sostenga en sus manos con la misma ilusión que yo. Por eso hoy, he sido doblemente feliz.
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PUESTA AL DÍA
Enviado por Félix el Lun, 12/04/2010 - 13:12.
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Si no recuerdo mal, cuando inauguré este blog, en el remoto septiembre del 2008, lo hice principalmente con la intención de hablar de mi novela El mapa del tiempo, que estaba a punto de publicarse, pero también con el propósito de escribir sobre otros asuntos más o menos relacionados con mi trabajo de escritor, como las series televisivas que más me gustaban, por ejemplo, justificando tal capricho asegurando que habían tenido innegables influencias sobre mi obra o jugado un papel imprescindible en mi educación sentimental, lo caul no sé si resultaría creíble. Pero sobre todo, hice la firme promesa de que este blog tendría una larga vida, que no acabaría convertido en un buque fantasma varado en el mar del ciber espacio gracias a mi férrea voluntad de actualizarlo con regularidad. Los que hayáis estado siguiendo sus evoluciones, ya sabréis que mi promesa vale menos que un billete de 30 euros. Así que, para no decepcionaros esta vez, me gustaría avisaros de que este post que ahora estáis leyendo no es otra promesa de continuidad, si no tan solo una puesta al día, que según parece, seran los únicos post que mis ocupaciones y mi insobornable pereza me van a permitir escribir.
Aclarado eso, permitidme que haga un repaso a los acontecimientos que han ocurrido en mi vida desde que escribí el último post en este blog. Cuando digo "mi vida", me estoy refiriendo a la parte profesional, naturalmente, por mucho que vaya tan trenzada a la personal que a veces resulte casi imposible de separar. Pero si nos ceñimos a ella exclusivamente, dejando los importantes acontecimientos sucedidos en la otra envueltos en oportunas y misteriosas sombras, hemos de empezar hablando del premio El Público de las Letras obtenido el pasado febrero por El mapa del tiempo, y que, aparte del orgullo y la ilusión que me produjo recibir tal galardón, me permitió descubrir la asombrosa accesibilidad de figuras como Macaco, Vega o el mismísimo Alejandro Sanz, al que tuvimos detrás durante la gala y recompensó con un espontáneo "olé" la filigrana lírica con la que rubriqué mis caóticos agradecimientos. De aquella noche mágica guardo inolvidables recuerdos, y un puñado de fotos que me demuestran que no fue un sueño, que todo aquello ocurrió de verdad (cosa que también certifica el autógrafo que nos dedicó Macaco mientras hacía malabarismos con un canapé).
Y siguiendo con las alegrías que no deja de depararme El mapa del tiempo, es el momento de hablaros ahora de las traducciones. Hasta el momento, tengo en mi estantería la edición portuguesa y la de Dinamarca, que tiene una cubierta realmente hermosa que recuerda a las obras de Julio Verne, como podéis ver en la foto, en la que estoy junto a mi editora danesa, la eficiente y encantadora Gitte Jakobsen. Escribo esto recién llegado de Alemania, donde he sido invitado por la editorial Rowohlt, que publicará mi novela este otoño, respaldándola con un aparato promocional que me sobrecogió. Pero ya os hablaré de ello en el futuro.
Y para terminar con este apresurado repaso, voy a hablaros de El menor espectáculo del mundo, mi quinto libro de cuentos, que aparecerá esta semana en la editorial Páginas de Espuma. Tenéis toda la información en mi web, donde podéis ver también su bellísima cubierta, pero os adelanto que bajo ese título que alude tanto al género del cuento como al amor, se esconden nueve cuentos inéditos donde continúo explorando los caminos del absurdo. Como véis, el leopardo nunca pierde sus manchas. Iré colgando aquí todo lo que vaya apareciendo en la prensa sobre él, como hice en su momento con mi novela.
Un abrazo a los que todavía sigan al otro lado.
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EL ARTE DE RUGIR
Enviado por Félix el Mié, 04/11/2009 - 13:29.
El pasado jueves tuve el placer de presentar en ese templo del cuento en que se ha convertido la madrileña librería Tres Rosas Amarillas, el nuevo libro de relatos, Los que rugen, de mi colega y amiga Care Santos, que ha editado Páginas de Espuma. Huelga decir la ilusión que sentí cuando Care me pidió que oficiara de maestro de ceremonias en su presentación. Cuenta con ello, le dije, pensando en escribir el habitual texto amable sobre su libro propio de estos actos. Sin embargo, al ponerme a ello, surgió un imprevisto. Descubrí que la admiración que yo creía profesarle a Care no era tal. Para mi sorpresa, descubrí que si algo sentía por ella no era otra cosa que odio. Así que el texto que finalmente leí en su presentación tal vez no fuese el que ella esperaba. Yo, al menos, hice todo lo posible para que tanto ella como el público asistente entendiera las razones de mi odio. Aquí las dejo, por si alguien quiere conocerlas:
10 RAZONES POR LAS QUE ODIO A CARE SANTOS
Una. Porque Care disfruta escribiendo, y aunque os resulte extraño, no todos los escritores disfrutan escribiendo. Pocos lo confiesan en público, pero es cierto. Yo no disfruto escribiendo y conozco a muchos otros que tampoco, por lo que creo que los escritores pueden dividirse en dos bandos: a los que les gusta escribir y a los que les gusta haber escrito. Y a Care le gusta escribir, sentarse en la silla, ver crecer sus historias en la pantalla, darles forma con mimo y abstraerse del mundo envuelta en la exaltada sinfonía de sus teclas. No siente presión en el pecho, ni padece quebraderos de cabeza que arruinen sus noches, ni la asaltan las dudas que desgraciadamente nos atacan a la mayoría para robarle toda la gracia al acto de escribir. Es más, Care ha confesado que para evitar pasarse todo el día ante el ordenador, escribe con una vela que tarda tres horas en consumirse. Cuando la vela se agota, Care se levanta y se va a pasear, en vez de seguir en el ordenador, que es lo que le gustaría. Yo, por el contrario, aprovecho cualquier excusa para levantarme de la silla, incluso la de cambiar el coche de sitio, lo cual podría considerarse algo enfermizo, dado que no tengo coche.
Dos. Por la cantidad de páginas que produce al día, porque si después de estar tanto tiempo ante el ordenador Care produjese una sola página, no sería una escritora tan odiosa. Pero ella produce exactamente 8 páginas. Y si multiplicamos 8 por los 365 días del año obtenemos la cantidad de 2.920 páginas, y aunque le restemos algunos días, porque me niego a creer que Care pueda escribir todos y cada uno de los días del año, y lo dejemos, por ejemplo, en 2.000 páginas, tendríamos para unos seis libros al año de 300 páginas. Con lo cual Care no es solo la escritora más odiosa que conozco, sino también la más prolífica
Tres. Porque puede escribir cualquier cosa. Si echáis un vistazo a las solapas de sus libros podréis descubrir que Care toca todos los géneros con naturalidad, y en todos parece sentirse cómoda. Ha escrito seis novelas, algunas de ellas premiadas, como por ejemplo La muerte de Venus o Hacia la luz, novelas en las que Care adapta el modo narrativo cinematográfico, y abreva sin complejos en las aguas del fantástico. Ha escrito docenas de novelas juveniles, que no puedo enumerar aquí por falta de tiempo, entre ellas la saga Arcanus. Ha escrito también libros a cuatro manos, cómo no, y ha practicado el ensayo e incluso la poesía, y ahora publica un nuevo libro de cuentos que viene a sumarse a los cinco anteriores. Ha escrito tantísimo que se ve obligada a resumir su bibliografía para que quepa en las solapas de sus libros, mientras otros tenemos que engordarla como buenamente podemos para que no parezca un aforismo. Yo no he podido leer todo lo que ha publicado, porque soy un pobre humano que, como todos, lee más despacio de lo que Care escribe, pero he leído buena parte de su obra y constatado con envidia que lo hace condenadamente bien, sea en el género que sea.
Cuatro. Pero no solo trabaja en su obra, sino que también se ocupa de todas esas servidumbres que nos agobian al resto de los escritores. Care contesta todos los emails de sus admiradores, participa en foros, presenta libros, se lee las novelas que le mandan los amigos, compone antologías, e incluso ha realizado la fotografía de la cubierta de este libro, lo que ya no sé es si lo habrá construido la iglesia que aparece en ella. Sus días tienen más horas que los nuestros, está claro. Y hace todo eso con tres hijos. Si hay alguna madre presente entenderá el mérito que eso tiene. Querido público, estamos ante un milagro.
Cinco. Es que, por si esto fuera poco, Care es una de las críticas más lúcidas de nuestro país y tiene el privilegio de ejercer de anfitriona o portera dando la bienvenida al mundo de la literatura española a los escritores que comienzan. Ella es la primera en tasar sus obras desde el suplemento El Cultural de El Mundo, y lo hace siempre con exquisito tino y amabilidad, como hizo con un servidor hace ya más de diez años.
Seis. Ha escrito un libro de cuentos de fantasmas, un género por el que siempre me he sentido atraído pero que nunca he abordado por considerarme incapaz de aportar nada nuevo sobre el tema. ¿Qué se puede escribir hoy sobre fantasmas? Desde Plinio el Joven, que creó al fantasma más antiguo que se conoce, y que ya vagaba errante por el mundo de los vivos porque no había sido convenientemente sepultado, pasando por la iconografía terrorífica que tras la eclosión del cuento gótico ingles del S. XVIII convertiría al fantasma en una criatura pálida que dedicaba las noches de tormenta a recorrer con pasos renqueantes los interminables pasadizos de los castillos, no se ha parado de escribir sobre estos traslúcidos inquilinos de la ultratumba, y los que hoy lo hacen se limitan a respetar los patrones del terror moderno, contando historias donde alguna mujer traumatizada por la perdida de un hijo o similar se enfrenta a un fantasma que antes de mostrarse en toda su apariencia espectral, se toma su tiempo para manifestarse moviendo objetos en plan poltergeist o produciendo trabalenguas psicofónicos. Esas historias están ya demasiado vistas. La otra opción que nos queda es contarlas desde el punto de vista del fantasma y, durante un tiempo, la mejor baza argumental de ese enfoque fue jugar con la idea de que el fantasma no sabía que lo era, como hicieron Cortázar o Benedetti en muchos de sus relatos, pero después de que la película El sexto sentido popularizara dicha estrategia, hoy ya no podemos sorprender a nadie con eso.
Siete. Porque no ha escrito un cuento de fantasmas, sino que ha tenido la osadía de escribir nada menos que trece, trece variaciones sobre el gastado mito del fantasma que me demuestran lo equivocado que estaba, pues todavía puede escribirse algo original sobre el asunto. Por ejemplo, la mayoría de las historias tratan del intento de comunicación entre los habitantes del más allá y los vivos, pero en el relato que abre el volumen, titulado Por las noches aullamos, Care se pregunta cómo sería la comunicación entre los propios fantasmas, unos fantasmas que deambulan por un mundo apocalíptico cepillado de vida humana, donde los animales campan a sus anchas, y que tanto recuerda al futuro onírico de la película Doce Monos. En el relato titulado Círculo Polar Ártico, le da una vuelta de tuerca más al mencionado cuento del fantasma que no sabe que lo es, mediante el brillante uso de los tics de este tipo de historias, de manera que nunca llegamos a saber si el protagonista es un fantasma que ignora su condición o alguien normal y corriente, porque el relato admite ambas lecturas. Y esa originalidad alcanza su pleamar en el relato Comunicación, uno de mis favoritos del volumen, en el que a la protagonista se le presenta el fantasma del hijo que todavía lleva en el vientre, para guiarla al más allá cuando ambos mueran en el parto por un error del anestesista. Pero se trata de un fantasma adulto, del hombre que el bebé habría llegado a ser de no producirse el desgraciado accidente, una especie de regalo de un universo paralelo. Y cuando no busca la originalidad, Care asume la tradición, como en el relato Asuntos pendientes, que narra en clave de comedia el clásico tema del fantasma que no puede acceder al más allá hasta que resuelva sus cosas en este mundo, o en el titulado Confesión, en el que el fantasma es un periodista becario que se le aparece cada noche a la protagonista para continuar la entrevista que no pudo terminar antes de que la entrevistada lo estrangulara con sus propias manos. Se trata de un cuento hilarante que, además, incluye un divertido retrato de los periodistas que todos sufrimos en las promociones y que no me resisto a compartir con vosotros. Dice Care: “Pertenecía a la clase prescindible de los informadores culturales, uno de esos especialistas en el refrito de notas de prensa, en distorsionar las declaraciones y en fusilar artículos de otros. Jamás grava conversación alguna, sino que toma notas. Se sienta ante ti enarbolando un cuaderno cuadriculado y un bolígrafo de plástico. A veces imploran: ¿podría hablar un poco más despacio, por favor? Cuando eso sucede, yo hablo aún más rápido. Tengo comprobado que no importa lo que digas porque ellos interpretarán lo que les plazca y al día siguiente todo los lectores se preguntarán como una idiota como tú, que apenas sabe conjugar los verbos, se ha atrevido a publicar un libro”. Care también ensaya la clave poética en el relato titulado Orden alfabético, en el que son los autores que no tenemos en nuestra biblioteca los que se encarnan en fantasmas, y en el delicioso cuento Más allá de esta oscuridad y este silencio, en el cual el fantasma es un hombre aquejado de invisibilidad, un pariente lejano del Griffin de H. G. Wells.
Ocho. Por hablar de su infancia, cuando todos sabemos que sobre la infancia de los escritores es mejor correr un tupido velo, pues son casi siempre infancias penosas y traumáticas, de niños solitarios que se refugian en los libros porque no soportan vivir en un mundo que se ríe de ellos por su torpeza en los deportes, por sus botas ortopédicas, su aparatito dental o por su timidez invencible. En Defensa y ataque Care ha tenido la osadía de relatar cómo eran sus clases de gimnasia, confirmando una teoría que sostengo desde hace tiempo: detrás de cada escritor, más que un libro de Verne o Salgari, siempre hay un potro que nunca conseguimos saltar. Es un cuento que me ha obligado a enfrentarme a los fantasmas que llevo dentro y que ya casi había olvidado. Como le sucede a la protagonista de Marcar un gol, una mujer que llega como directora al colegio donde estudió de pequeña y que aprovecha la hora de cerrar para dar un paseo por su viejo instituto, tropezando en cada esquina con el fantasma de la niña tímida y torpe que era el blanco de las bromas de sus compañeras, un cuento de una desgarradora melancolía que se cierra magistralmente con la inesperada venganza que el tiempo concede a la protagonista. Por último, Amanecer con monstruos marinos es un relato en el que la imaginación de la hija transforma en fantasma al padre muerto y le permite mantener una última conversación con él, una conversación dispersa, sobre nimiedades, que continúa dejando sin contestar las preguntas cruciales de la vida. Y dado que en la última página de este relato aparece una ilustración de “La marina azul”, el cuadro que su padre le regala a la protagonista, podemos pensar que el recurso de Care de usar su propio pasado como material para modelar sus ficciones alcanza aquí su muestra más personal.
Nueve. Porque en este libro figuran dos o tres cuentos que me hubiera gustado firmar a mí, como algunos de los citados o el titulado Seis botellas, o tres, de Gran Reserva. Este relato está recogido en la segunda parte del libro, que en contraposición con la primera, titulada Ellos, donde se muestra al fantasma clásico, lleva por nombre Nosotros, y presenta a fantasmas cuya condición ectoplasmática no es necesaria, sino que se usa el vocablo en sentido más amplio. En este relato a la pareja protagonista le regalan seis botellas de gran reserva con la condición de que conmemoren las seis ocasiones más especiales de su vida, pero esas ocasiones nunca llegan, por supuesto, porque son incapaces de reconocerlas en el momento exacto en el que se producen. El hombre, ya se sabe, es el único animal que no sabe vivir en el presente, pues siempre vive recordando el pasado o anhelando el futuro. Es un hermoso cuento sobre el fantasma de nuestra vida anterior, de todas las vidas que se desvanecen para dar paso a otras, de todas esas vidas que inevitablemente vamos acumulando a lo largo de nuestra existencia.
Diez. Porque en el 2011 publicará una novela magistral que la convertirá en la autora más famosa del mundo. No es que yo tenga una máquina del tiempo y lo haya comprobado, sino que es algo que ocurrirá por pura ley de probabilidades teniendo en cuenta al ritmo al que escribe.
Y ahora os dejo con la escritora más odiosa que conozco.
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LA CARA DE MIS LECTORES
Enviado por Félix el Mar, 20/10/2009 - 13:59.
Uno repara en el éxito que va alcanzando como escritor cuando comprueba que el lector que acude a que le dedique su libro no está emparentado con él, ni es amigo de la familia, ni vecino de su edificio. Es decir, cuando la gente compra su libro sin saber quién coño es, dejándose guiar por la trama, la cubierta, la manera en que escribe o cualquier otra cosa que mueva a alguien a comprar un libro al verlo en un escaparate. Yo, durante un tiempo, podía contar a mis lectores desconocidos con los dedos de una mano. Incluso experimentaba una absurda inquietud cuando alguien me pedía que le dedicara una obra y luego se iba por donde había venido, sin decirme: "yo estuve con tu hermano en el colegio", "mi madre es amiga de la novia del panadero de tu prima" o "yo soy el fruto de aquella borrachera del verano del 92". Cuando eso sucedía, me preguntaba cómo era posible que esa persona hubiera escogido mi libro entre los miles de libros que atestan las librerías. El mío y no cualquier otro. Tras la publicación de El Mapa del tiempo me he acostumbrado a ello, a tener lectores que no están conectados a mí de ninguna forma, a los que nada me une. Ese lector sin rostro, en fin, en el que uno piensa cuando se pone a escribir. Ahora ya sé que tiene muchos rostros, que son Legión, en San Jordi lo comprobé. Pero no escribo este post para hablaros de eso, si no porque hoy se ha roto esa barrera, pues una de las personas que ha leído mi novela, tal y como comenta en su blog, es Berto Romero, colaborador habitual del programa de Buenafuente en La Sexta. Como imaginaréis, esto tendrá consecuencias inevitables sobre mí. ¿Qué impedirá que a partir de ahora, al pensar en mis lectores, piense en las hijas de Zapatero, Fernando Alonso, Eva Amaral o Elsa Pataky?
A continuación, os dejo la recomendación de Berto Romero en su blog Berto.tv :
El mapa del tiempo
Hace tiempo que no recomiendo un libro en el blog. Así que, hoy, para aquellos suficientemente inconscientes para seguir mi criterio, mi recomendación es: El mapa del tiempo, de Félix J. Palma. Lo descubrí a partir de la crítica que hizo de él Doc Moriarty en su blog, quien me ha dado ya tantas pruebas de que su gusto es excelente que ya tomo sus recomendaciones como decretos-ley.
No os voy a destripar nada del argumento. Es una novela cojonuda, de las que permanecen dentro de tu cabeza mucho tiempo. Magnífica, emocionante, sensible, divertida y llenísima de amor por la literatura. Hala, pues, hasta aquí mi recomendación.
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