Félix J. Palma

Sitio web oficial

Bienvenidos a la página Web del escritor Félix J. Palma, cuentista y novelista, no necesariamente en ese orden. Aquí podrán encontrar información completa y actualizada sobre el autor y su obra. Si desean una aproximación más cercana, pueden visitar su blog, donde el autor habla de todo lo que se le ocurre, desde su concepción de la literatura hasta sus series favoritas.

blog de Félix

QUE DIOS REPARTA SUERTE

De entre los distintos galardones que se entregarán en el marco de la Semana Negra de Gijón, mi colega David Torres opta con su estupenda Niños de tiza al Premio Hammet a la mejor novela policiaca del 2008, y un servidor con El mapa del tiempo al Premio Celsius a la mejor obra de ciencia ficción o fantasía. Los otros finalistas en esa categoría son Jon Bilbao, por El hermano de las moscas, Rodolfo Martínez, por El abismo en el espejo, e Ismael Martínez Biurrún, por Rojo alma, negro sombra. Que Dios reparta suerte.

Para mí es premio suficiente con estar invitado a la Semana Negra de Gijón, que este año tendrá lugar del 10 al 19 de julio. Nunca he estado allí, pero he oído bastantes rumores como para saber que constituye todo un acontecimiento literario y una oportunidad para hablar de buena literatura en un marco incomparable. 

El fallo de las distintas categorías convocadas se dará a conocer en los últimos días de la Semana, probablemente el viernes 17 de julio. Se admiten velas encendidas.

 

SANT JORDI, MI PRIMERA VEZ

Hace unos días regresé de Sant Jordi, donde acudí a firmar ejemplares de El mapa del tiempo, como sabréis si seguís este blog con atención. Era mi primera vez, y si tengo que escoger un adjetivo con el que describir la experiencia diría que fue espectacular. Incluso diría que comenzó incluso en el avión a Barcelona, a juzgar por los nervios que me atenazaban. Aunque no es día festivo, el 23 de abril toda Barcelona se echa a la calle desde muy temprano, formando verdaderas riadas humanas entre las casetas desperdigadas por las Ramblas o apostadas en las puertas de cada librería, en una suerte de aquelarre de adoración al libro.

Pero vayamos por orden. La jornada arrancó con el tradicional desayuno de prensa en el Hotel Regina. Allí se congregaron más de 60 autores, junto con editores y periodistas, y desde ese momento comprobé que, efectivamente, todo el mundo tenía el mismo objetivo: hacerse visible entre la masa. Como ya me habían advertido de ello, escogí lucir un jersey rojo, pero tal vez desconfiando del resultado de mi pobre iniciativa, la editorial Algaida, encarnada en la eficiente Begoña Minguito, contrató a dos actores para que se disfrazaran de Andrew Harrington (Albert) y Claire Haggerty (Montse), que me escoltaron durante toda la jornada repartiendo unos folletos publicitarios al estilo de los pasquines de la empresa de Viajes Temporales Murray que aparece en mi novela. En la primera foto podéis verlos, mientras yo hablo con mi amiga y colega Care Santos, que allí mismo nos retrató y subió la foto al facebook en un truco de pura prestidigitación tecnológica que me hizo comprender que existe un mundo más allá del que puede tocarse. Y la estrategia de la editorial resultó, ya que en casi todos los diarios del día siguiente pudo leerse: "El espectáculo ha llegado con Félix J. Palma, autor de 'El mapa del tiempo', que iba flanqueado por dos personajes vestidos de época, los dos protagonistas de su novela, Claire Haggerty, una mujer del siglo XIX que viaja hasta el año 2000 y se enamora de un hombre, y Andrew Harrington, que viaja al pasado para salvar a su prometida de Jack el Destripador. " Sé que algún lector desayunó leyendo esas líneas casi mágicas.

Un buen amigo me dijo una vez que siempre se enamoraba de mis personajes femeninos. Y parece que no es el único, como podéis ver en la segunda foto que lustra esta breve crónica, en la que aparece Claire Haggerty junto a un espontáneo que quedó seducido por la irresistible belleza de mi creación.

Tras el multitudinario desayuno, nos dirigimos a la primera caseta del apretado programa de firmas, la de la Casa del Libro. Allí tuve el honor de sentarme entre la simpática Cristina Fernández-Cubas, mi admirada cuentista, y mi no menos admirado Manuel Rivas quien, ajeno a la cola que iba formándose ante él, se demoraba en elaborar unas bellísimas dedicatorias derramando la tinta de su pluma para luego extenderla cuidadosamente con los dedos. Enseguida comprendí que estaba sentado junto a un verdadero profesional de las firmas, pues en los momentos de tranquilidad, Rivas se entretenía en escribir breves anotaciones en una libreta que traía consigo, lo que le ofrecía la coartada perfecta para no tener que contemplar el ir y venir de sus congéneres con los ojos mendicantes con que yo lo hacía. Pero de todo se aprende y la proxima vez me llevo la Nintendo.

En la siguiente caseta comprendí por qué muchos compañeros se quejan de las impresionantes colas que tienen algunos escritores. No lo hacen por envidia, o al menos no todos, si no por el modo en que eso les afecta a ellos. Me tocó junto al betsellero Federico Moccia, autor de obras como Tengo ganas de ti o Perdona si te llamo amor, y como su cola no tenía espacio para crecer ante él perpendicularmente, tuvo que doblarse hacia la izquierda, como una rama que se troncha, de manera que lo único que yo tenía delante era una muralla de féminas romanticonas deseando fotografiarse con su ídolo, que me observaban entre la curiosidad y la indiferencia. Así las cosas, que algún lector me distinguiera en la distancia era imposible. Llegar hasta mí era una auténtica hazaña, aunque para mi agente, Antonia Kerrigan, parece que nada es imposible. Recién llegada de la Feria del Libro de Londres, Antonia se acercó a mi caseta para saludarme y alegrarme aún más la jornada con nuevas noticias, las cuales me reservaré para un próximo pots.

De allí, jurando que jamás leería un libro de Moccia ni me compraría una gorra por muy calvo que me quedara, nos fuimos a la caseta de Catalonia, donde coincidí entre Luis Sepúlveda y Esteban Martín, autor de El pintor de sombras, obra que reúne a Jack el Destripador, Sherlock Holmes y Picasso en la Barcelona de finales del siglo XIX. Evidentemente, las similitudes de su novela con la mía propició una agradable conversación que nos mantuvo entretenidos entre firma y firma. Huelga decir que la suya será una de las próximas novelas que arribaran a mi mesilla de noche.

Tras el interudio de la comida, nos dirigimos a la caseta del FNAC Triangle, donde ya aguardaba una muchedumbre a uno de los mejores escritores del momento: Boris Izaguirre, maestro de la sutileza y la metáfora. Por suerte, los del FNAC, respetuosos con los pobres autorcitos que teníamos que compartir caseta con el mito, habían dispuesto un claro ante la caseta mediante un sistema de cintas policiales, con lo que todos resultábamos visibles para el público. Aquel espacio vacío, que parecía aguardar el aterrizaje de algún OVNI, permitía que los lectores que quisieran pudieran fotografiarse junto a mis personajes. En la foto podéis ver a Juan González, el peluquero de mis tres caniches, y a su novia, posando sonrientes junto a los atractivos productos de mi imaginación. Además, pese a la presencia del showman, firmé numerosos ejemplares, y sin tener que bajarme los pantalones ni una sola vez, lo cual se agradece.

Y luego llegó la firma que más ilusión me hacía. En la caseta de Gigamesh tenía que firmar junto a mi vieja amiga Susana Vallejo, que acaba de publicar su tetralogía fantástica Porta Coeli. Susana y yo empezamos escribiendo ciencia ficción allá por los primeros años 90, publicando en las mismas revistas y fanzines, y aunque nunca nos habíamos conocido personalmente, si estábamos al tanto de la trayectoria del otro, tan similares en el fondo e incluso la forma. Fue agradable firmar junto a ella, mientras intentábamos hilar una conversación que resumiera todo lo que habíamos hecho desde la primera carta de cruzamos en el remoto pasado, en aquella época donde internet era el delirio de un loco. Tengo muchas ganas de aventurarme en su saga que, en la mejor tradición de George Lucas, empezó a escribir por su tercera parte.

Y tras la firma en la librería Maite, una librería de barrio dirigida por una de las libreras más aguerridas que conozco, concluyó una jornada tan agotadora como divertida y satisfactoria. En el vuelo de regreso, repasando algunas de las escenas más divertidas de la jornada, como el espectáculo que montamos en el metro, llegué a un par de conclusiones. La primera es que, digan lo que digan, la gente lee. Parece que el sector del libro no ha resultado afectado por la crisis, sino todo lo contrario. No en vano el libro propone un entretenimiento tan dilatado como barato si lo comparamos con lo que hoy cuesta ir a cenar o ver una película, cosa que corroboraron los datos que pude leer: el gremio de libreros catalanes facturó 20 millones de euros el día del libro, igual que el año anterior. La segunda conclusión es que la gran desventaja de escribir una novela de más de 600 páginas es que, a la hora de escribir una dedicatoria, la muñeca no dispone de punto de apoyo y a uno le sale letra de yonki. Desde aquí pido disculpas a todos aquellos que os acercasteis a mí en busca de una dedicatoria y os fuisteis con una ininteligible receta médica. Os aseguro que mi cariño y agradecimiento palpita sincero bajo el galimatías.

RESPETABLE LITERATURA DE EVASIÓN

Queridos visitantes: aquí os dejo una crítica de El mapa del tiempo aparecida en El Cultural, a cargo de Santos Sanz Villanueva, que también se ocupó en su momento de reseñar mi libro de relatos Las interioridades. Como veréis al llegar a la última frase de la crítica, nunca llueve a gusto de todos.

PD: continuó ilustrando el texto con imágenes de mis películas favoritas, para el que quiera entretenerse con la adivinanza.

EL MAPA DEL TIEMPO

Un cartel al frente de la primera parte de El mapa del tiempo avisa al lector que va a encontrar un folletín con impensables aventuras, fuente segura, dice, de emoción y asombro. Así es. Todos los recursos de los relatos populares decimonónicos se despliegan en esa inicial tragedia romántica donde se refiere el amor enajenado de un joven de la mejor sociedad británica por una envilecida prostituta. La desmesura de la historia, la utilización generosa de clichés, notas caricaturescas y cierta retranca del narrador alertan de un postmoderno calco paródico.

Este inicio anuncia el verdadero empeño de Félix J. Palma (Sanlúcar de Barrameda, 1968), hacer lo que podría calificarse como novela macedonia mediante la acumulación de relatos de género: aventuras, misterios, amores, crímenes, detectives, esoterismo, magia (fraudulenta), anticipación, guerra de los mundos, fantaficción... Semejante ensalada la adereza el autor con acierto por su buen conocimiento de los modelos originales y su destreza para reproducirlos. El ingrediente principal del plato son unos crímenes abracadabrantes cometidos en Londres en 1896. A partir de estos sucesos se organizan tres novelas casi independientes, pero vinculadas por un motivo principal: la himana utopía de viajar a través del tiempo. Como sostiene el narrador, ¿quién no ha soñado alguna vez con visitar el futuro, cuando hayamos dejado de existir, o con desplazarse al pasado para conocer tiempos pretéritos?

Los fantaseamientos viajeros forman la médula espinal de la novela, con una compleja implicación de ida y vuelta, pues desde el ayer se va hasta un presente actualísimo y desde éste hacia atrás. Al hilo de estas excursiones trufadas de trampantojos surgen inquietudes atractivas: ¿qué consecuencias traería rectificar el pasado?, ¿cuánto cabe confiar en la ciencia?

A estos alicientes agrega El mapa del tiempo otros. La narración es fluida y sujeta la atención del lector en su mayor parte. Tanta dispersión anecdótica fluye gracias al control de un narrador dictatorial, que interviene en el relato y apela al destinatario. Se utiliza un estilo narrativo eficaz de prosa cuidada (echemos la culpa a la imprenta de un “andaran” y un “hallan” del verbo haber). Se agrega un sugerente culturalismo que reúne en una misma aventura a H.G. Wells, con Henry James y Bram Stoker. Hay felices golpes de efecto y sorpresas inesperadas. En suma, respetable literatura de evasión hecha con dignidad. Félix J. Palma, narrador poderoso y bien facultado, sabe incorporar el misterio a la prosaica realidad y añadir fantasía a la dimensión empírica del mundo. Una grave reserva, sin embargo, debe objetarse a la novela: es desconsideradamente larga.

 

 

FÉLIX J. PALMA EN SANT JORDI

Queridos visitantes: el próximo día 23 estaré en Barcelona, no rodando con Woody Allen, sino firmando ejemplares de mi novela El mapa del tiempo. La editorial ha contratado a tres actores, que se disfrazarán de ciudadanos del Londres victoriano y repartirán pasquines publicitarios de Viajes Temporales Murray. Si estáis en Barcelona, no os lo perdáis. El programa de firmas es el siguiente:

11 a 12 Casa del Llibre

Paseo de Gracia, 62


12 a 13 Bertrand

Rambla Catalunya, 37


13 a 14 Catalònia

Paseo de Gracia (tocando Plaza Catalunya)


17 a 18 FNAC Triangle

Plaza Catalunya


18 a 19 Abacus

Rambla Catalunya, 127


19 a 20 Gigamesh

Las Ramblas (cerca de la Font de Canaletes)


20 a 21 Maite Libros

Vía Augusta - Plaza Gala Placidia


 

EXPERIMENTO EN AUTOBIOGRAFÍA

¡Por fin, albricias, aleluya! En cosa de unos días, de la mano de la editorial cordobesa Berenice, llegará a nuestros escaparates la autobiografía del escritor H. G. Wells, padre de la ciencia ficción, y de quien hablamos mucho por aquí últimamente ya que es el protagonista de mi novela El mapa del tiempo. Se trata de un advenimiento que se ha hecho de rogar, pues el libro, escrito por Wells en 1934, antes de que lo venciera una enfermedad irreversible que lo alejó inevitablemente de la literatura, no había sido traducido al castellano hasta el momento, si exceptuamos una edición que tuvo lugar en Argentina en el remoto 1942. Evidentemente, si a alguien se le ocurriera escribir una novela con Wells de protagonista principal, una de las obras de obligada consulta sería su Experimento en biografía. Sin embargo, a mi pobre inglés de instituto le quedaba demasiado grande la versión original, por lo que no pude recurrir a aquella voluminosa obra que tanto me habría ayudado, de la que había oído que estaba lastrada por pasajes soporíferos, pero en la que el escritor narraba la génesis de la mayoría de sus célebres novelas. Descartada su autobiografía, la obra que me sirvió para construir el personaje de Wells fue la biografía escrita por Anthony West, hijo del escritor y Rebecca West, publicada en nuestro país por Circe en 1993. Y tal vez eso fuera a la larga beneficioso para mi novela, pues tuve acceso así al retrato de un Wells mucho menos amable que si se hubiese dibujado él mismo. Su hijo nos muestra a un Wells imperfecto, humano, y narra algunos acontecimientos de su vida en un tono ácido que nos hace pensar que su objetivo no es precisamente glorificar a su padre. De hecho, el libro comienza con esta crítica: "Mientras estaba a punto de venir yo a este mundo, durante los primeros minutos del 5 de agosto de 1914, mi padre no estaba en disposición de proporcionar a mi madre su consuelo y su respaldo. Hallábase en otra parte, su atención concentrada por  entero en otro asunto". Supongo que el Wells de mi novela, pragmático y lleno de debilidades, debe mucho a la lectura de este libro. Además, Anthony West es escritor, y de los buenos, lo que hace de la lectura de la biografía de su padre un ejercicio también estético, como probablemente no ocurrirá con Experimento en autobiografía, pues si de algo carecía el autor de La máquina del tiempo era de una prosa de calidad, que no fuera otra cosa que un mero transmisor de sus ideas, como él mismo reconocía con jactancia una y otra vez.

No obstante, pienso agenciarme Experimento en autobiografía en cuanto aparezca. La traducción de sus más de setecientas páginas ha corrido a cargo del escritor Antonio Rivero Taravillo, quien, según cuenta en su recomendable blog Fuego con nieve, debió de estar enfangado en dicha tarea al mismo tiempo que yo me encontraba sumergido en la escritura de El mapa del tiempo, maldiciendo por la inexistencia en castellano de la autobiografía de H. G. Wells. No sé cómo habría influido la lectura de esa obra en el argumento de mi novela. Esa respuesta se encuentra en un universo paralelo en el que a Antonio Rivero Taravillo no se le habrían extraviado algunos capítulos ya traducidos, retrasándose así su publicación, o a mí se me hubiesen perdido algunas páginas de mi obra, retrasándose la salida de la mía. Pero todos sabemos que los universos paralelos no existen, por mucho que soñemos con ellos.

LA MEJOR NOVELA DE CIENCIA FICCIÓN ACTUAL Y MUCHO MÁS

Estimados amigos: aquí os dejo una crítica de El mapa del tiempo escrita por el gran César Mallorquí en su altamente recomendable blog, La fraternidad de Babel:

Nota: vuelvo a adornar el post con imágenes de algunas de mis películas favoritas, por si alguien quiere jugar a las adivinanzas.

 

EL MAPA DEL TIEMPO

Es sorprendente comprobar que diversas personas no relacionadas entre sí y distribuidas aleatoriamente por todo el mundo acaban adquiriendo los mismos intereses y gustos por determinados asuntos. Por ejemplo, hay una raza de gente fascinada con la Inglaterra del siglo XIX; en particular, la época victoriana. Por aquel entonces, Londres era el centro del mundo, el corazón del imperio; de sus clubs geográficos partían emocionantes expediciones con el objetivo de descubrir las fuentes del Nilo, cartogafiar el desierto de Gobi o encontrar civilizaciones perdidas; sus ejércitos, por otro lado, extendían el colonialismo (siempre execrable, pero no por ello menos novelesco) por los lugares más recónditos del planeta, luchando en sitios tan exóticos como Balaclava, Punjab o Bengala. Las personas que adoramos esa época –yo me cuento entre ellas-, sentimos fascinación por Jack el Destripador; no por ser un cruel asesino, sino por ser el primer asesino moderno y, sobre todo, por el mundo que le rodeaba, ese Londres imperial mezclado con la miseria de Whitechapel, luz y niebla fundiéndose en un estimulante claroscuro. Los de nuestra raza estamos también fascinados por la literatura de género, lo cual no es de extrañar, pues la mayor parte de los géneros actuales surgieron, o se perfeccionaron, en la Inglaterra de aquella época. Así pues, nuestro particular santoral está compuesto por nombres como Stevenson, Conan Doyle, Bram Stoker, H. G. Wells, Kipling, Wilkie Collins, Anthony Hope, A. E. W. Mason o, por supuesto, Julio Verne, que no era inglés, pero vivía ahí cerquita, en la Bretaña francesa. Y si nos referimos a las beatificaciones más recientes, también veneramos a Alan Moore, un inglés loco y genial. Pues bien, no conozco personalmente a Félix J. Palma –nos hemos limitado a intercambiar recientemente un par de correos electrónicos-, pero estoy convencido de que pertenece a esa misma raza.

Hará cosa de un mes, quedé a comer con Julián Díez y, en el transcurso de nuestra charla, le comenté que El mapa del tiempo, la última novela de Palma, ganadora del premio Ateneo de Sevilla, me parecía la mejor novela española de ciencia ficción. Confieso que, por aquel entonces, llevaba leído algo menos de la mitad del libro, así que ahora estoy en condiciones de corregir esa primera opinión. El mapa del tiempo es, en efecto, la mejor novela de ciencia ficción escrita en España (y que nadie se mosquee, porque tal aseveración afecta a mis propios relatos de cf); pero decir eso sería injusto, porque la novela de Palma es mucho más que una historia de ciencia ficción.

En el pasado, había leído varios relatos cortos suyos y sabía que Palma era un excelente escritor dotado de una brillantísima prosa. Eso último, precisamente, era lo que no me acababa de gustar: su prosa era magnífica, pero demasiado marcada; conforme la leía, “sentía” al escritor siempre presente, señalándome con el dedo la brillantez de sus imágenes. Me apresuro a aclarar que eso no era un defecto de Palma, sino una cuestión de gustos personales, pues nunca he negado que prefiero las prosas menos rotundas, más trasparentes. En cualquier caso, sabía que Palma era un magnífico escritor, así que cuando vi El mapa del tiempo en los anaqueles del Hipercor, no dudé ni un segundo en comprarla. Y descubrí que Palma había decidido aligerar su estilo, manteniendo la exquisita elegancia, pero liberándolo del peso de la pirotecnia verbal. Ahí caí rendido a sus pies; producía verdadero placer leerle, deslizarse por ese fraseo sinuoso en el que ahora ya no tropezaba con el menor obstáculo. Pero eso sólo era el principio, el envoltorio de un regalo mucho más jubiloso.

¿Qué es El mapa del tiempo? Resulta imposible comentar su argumento sin desvelar giros de la trama que deben permanecer ocultos, así que me limitaré a decir que la novela –ambientada en el Londres de finales del XIX- narra tres historias distintas entrelazadas por los viajes en el tiempo y la figura del escritor Herbert George Wells. En la primera historia presenciamos el drama de Andrew Harrington, el hombre que estaba enamorado de Mary Jane Kelly, la última víctima de Jack el Destripador. Se trata, pues, de una historia de amor fou, un amor imposible. La descripción que en esta parte del texto se realiza sobre el Londres victoriano es sencillamente apabullante. Y, por cierto, hay algo vital para quienes lean la novela: prestad atención a los detalles, porque uno de ellos os revelará que el mundo que estáis leyendo no se corresponde exactamente con el mundo real. La segunda historia también es de amor, un alambicado romance que demuestra con maestría que no hace falta viajar por el tiempo para crear paradojas temporales. La tercera y última historia, que comienza como un relato policíaco y acaba convirtiéndose en ciencia ficción, se ocupa de unir y explicar el conjunto, así como de atar todos los cabos sueltos.

En mi opinión, la mejor de las tres historias es la segunda, un delicioso mecanismo de relojería que se desenvuelve ante nuestros ojos con la suavidad de un pañuelo de seda, pero El mapa del tiempo no es un libro de relatos, sino una novela sólida y compacta, así que no tiene sentido juzgarla por partes. He leído en una entrevista con el autor, que a Palma se le ocurrió la idea para su novela cuando, tras releer La máquina del tiempo, se preguntó por el efecto que esta habría tenido entre los lectores de su época. En una sociedad que asistía asombrada al avance imparable de la ciencia y la tecnología, la posibilidad de una máquina capaz de transportarnos a través del tiempo debió de parecer no sólo posible, sino casi inminente. Pues bien, a partir de esa ingenua capacidad de asombro, Palma desarrolla su novela para hablarnos, no de las maravillas de la ciencia, sino de las maravillas de la literatura de género.

El mapa del tiempo es ciencia ficción, sí, pero también novela de aventuras, y folletín, y relato romántico, y policíaco, y humorístico, y fantástico... En realidad, El mapa del tiempo es una declaración de amor a la literatura popular. Lo que Palma consigue es que volvamos a contemplar las novelas de género con la ingenuidad y capacidad de asombro de cuando éramos niños, algo muy difícil de lograr. Para ello, Palma utiliza la ironía –toda la novela es un prodigio de sutil ironía-, pero no como factor distanciador, pues el texto desprende un inmenso cariño hacia lo que narra, sino como el eficaz salvoconducto para la supresión de la incredulidad que nos permitirá transitar por un universo que acaba resultando mágico. Por lo demás, los personajes están perfectamente dibujados, los diálogos son brillantes, las descripciones resultan evocadoras y la narrativa fluye con maestría (sus seiscientas y pico páginas se leen como un suspiro). En cuanto a las influencias, creo percibir con nitidez la del antes citado Alan Moore, tanto por su From Hell, como por su Liga de los Caballeros Extraordinarios.

El mapa del tiempo no es una novela perfecta, por supuesto -¿alguna lo es?-. La primera parte resulta un tanto morosa y la última historia es un poco confusa; no obstante, la morosidad, en el caso de un prosista tan elegante como Palma, puede ser incluso una virtud, y toda historia de viajes en el tiempo debe ser, forzosamente, algo confusa. Sea como fuere, los defectos resultan nimios y los hallazgos soberbios, así que sólo me resta darle las gracias a Félix J. Palma por haberme proporcionado una de las lecturas más divertidas, placenteras y estimulantes de los últimos tiempos.

Por último, amigos míos, si pertenecéis a la raza antes mencionada, no dejéis de leer El mapa del tiempo, porque es un libro escrito especialmente para vosotros. Y si no pertenecéis a esa raza, leedlo también, pues aparte de cualquier otra consideración, El mapa del tiempo es una excelente novela, magnífica literatura más allá de las etiquetas.

EL VIAJERO ESPACIAL

Una de las dedicatorias estándar que suelo garabatear en mi novela consiste en una disculpa para el lector por los posibles mareos que pueda ocasionarle tanto viaje temporal. Pero cada vez tengo más claro que si alguna vez el hombre idea el modo de viajar en el tiempo, sus efectos serán una minucia en comparación con las devastadoras consecuencias que nos producen los viajes por el espacio. Y no me refiero a ese espacio profundo e insondable que sólo puede surcarse en el Halcón Milenario o la Enterprise, sino al que ha de recorrerse en trenes, aviones, taxis y autobuses, vehículos rodantes que pueden acabar con la moral y espalda del más entregado, especialmente si el pobre desgraciado debe comenzar su periplo desde Sanlúcar, que está lejos de cualquier parte. Muchos son los lugares a los que, como he dicho en algún sitio antes, me arrastran los vientos promocionales, y que hacen que tenga este blog algo descuidado, cosa que espero solucionar pronto. Hoy he pensado que no estaría mal hablaros de los sitios por los que he pasado últimamente, dado que dispongo de material gráfico con el que acompañar la crónica.

Empecemos por la hermosa Granada, donde estuve hace unas semanas. La presentación de El mapa del tiempo tuvo lugar en la acogedora Librería Babel, y quien ofició de maestro de ceremonias fue mi querido Andrés Neuman, al que quiero tanto que de no existir tendría que convertirlo en mi amigo invisible. A Andrés lo conocí en Cádiz hace ya bastante tiempo, pero nuestra amistad cristalizó durante la semana que nos pasamos en Rumanía, junto con mi novia, yendo de aquí para allá invitados por el Instituto Cervantes. Tener a Andrés como presentador es un auténtico lujo, pues muy pocos pueden desplegar como él esa mezcla de lucidez y sentido del humor ante el micrófono, auque no haya. Eso tiene la desventaja de que tras su intervención, le toca hablar a uno, y sabe que no podrá estar a su altura. Yo hice lo que pude, y desde aquí agradezco las risas con las que el público asistente festejaba mis comentarios. Tras la aguda autopsia que Andrés realizó de mi novela, aseguró sin cortarse un pelo que dicha obra sería fácil de adaptar al cine. Yo mostré mis dudas, especialmente a causa de su particular narrador, y si continuáis leyendo entenderéis por qué refiero este detalle en particular. En la foto que acompaña estas palabras podéis vernos a los dos, escoltados por las entusiastas blogueras Valeria Tittarelli -a rayas- y Cristina Monteoliva -a corazoncitos-, responsables de gran parte de esas risas. Luego me fui a cenar con Andrés y Erika Martínez, poeta a punto de abandonar su crisálida, y así pusimos fin a un día que pudo haber sido perfecto si el Real Madrid no hubiese perdido ante el Liverpool.

POR UN OÍDO ENTRA Y POR NINGUNO SALE

 

HOY EN "PUBLISHERS WEEKLY"

Johanna Castillo at Atria won an auction for Felix J. Palma's The Map of Time via Thomas Colchie, who sold North American rights for six figures (in collaboration with Palma's principal agent, Antonia Kerrigan, on behalf of Algaida in Spain). Set in Victorian London with characters real and imagined, Palma's English-language debut features three intertwined plots, in which H.G. Wells is called upon to investigate incidents of time travel and save the lives of an aristocrat in love with a murdered prostitute from the past, a woman attempting to flee the strictures of society by searching for her lover somewhere in the future and Wells's own wife, who may have become a pawn in a plot to murder him as well as Henry James and Bram Stoker. The book was just published in Spain.

O lo que es lo mismo:

"Johanna Castillo, de Atria, ha ganado la subasta por la novela 'El mapa del tiempo' de Félix J. Palma a través de Thomas Colchie, que vendió los derechos para Norteamérica por una cifra de seis dígitos (en colaboración con la principal agente de Palma, Antonia Kerrigan, que actuaba por intermediación de Algaida en España). Ambientada en el Londres victoriano, y con personajes reales e imaginarios, el debut de Palma en el idioma inglés ofrece tres tramas en paralelo, en las cuales H. G. Wells es solicitado para investigar ciertos incidentes sobre viajes en el tiempo y salvar las vidas de un aristócrata enamorado de una prostituta asesinada en el pasado, una mujer que intenta huir de las exigencias de la sociedad buscando a su amante en algún lugar del futuro, y la propia esposa de Wells, que puede haberse convertido en el peón de un complot para asesinar al escritor junto con Henry James y Bram Stoker. El libro acaba de ser publicado en España". (Traducción de Lorenzo Luengo).

 

UNA NOVELA MAGISTRAL

Queridos amigos: aquí os dejo un artículo sobre El mapa del tiempo aparecido en La opinión de Granada, firmado por José Vicente Pascual, a quien aprovecho para enviar un abrazo.

Nota: acompaño el post con imágenes de algunas de mis películas favoritas, por si os queréis entretener adivinando cuales son.

 

EL MAPA DEL TIEMPO

Calderón se preguntaba quién nos sueña. Quién piensa nuestros pensamientos. Cuando dejamos que el silencio del mundo renazca por encima de todos los ruidos inútiles, atronadores, desconcertantes y por ello mismo plagados por la mentira, y ese mismo silencio que siempre ha estado presente se convierta en realidad posible -la única realidad inevitable-, es entonces el momento de aceptarlo: nada sabemos sobre nosotros mismos, nuestro yo recóndito, nuestra personalidad más profunda. La voz que nos habla de la inquietante paradoja es el silencio.

Cuando llevamos mucho tiempo esperando sin ruidos ni pensamientos que alteren la simple calma en la observación de nuestro vacío, puede que seamos igualmente capaces de dejar de esperar. Abstraídos en nuestro ser propio, sin contacto con la inmediatez y todo cuanto la representa, unidos a la potestad de lo infinito que existe y que es todo y uno resumido en el tiempo, entonces, se dice, despierta renacida nuestra conciencia y el universo entero nos es revelado. Todo gira en torno a dos percepciones decisivas: la conciencia y el tiempo. De ambas, muy poco sabemos; sin embargo son las únicas señas que llegan nítidas al entendimiento sobre la verdad última del mundo, cuanto late y susurra más allá de la apariencia sensible de las cosas.

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