Félix J. Palma

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Bienvenidos a la página Web del escritor Félix J. Palma, cuentista y novelista, no necesariamente en ese orden. Aquí podrán encontrar información completa y actualizada sobre el autor y su obra. Si desean una aproximación más cercana, pueden visitar su blog, donde el autor habla de todo lo que se le ocurre, desde su concepción de la literatura hasta sus series favoritas.

ENTREVISTA Y CRÍTICA EN ABC

Queridos visitantes: ayer me dedicaron una doble página en el ABC de las artes y las letras. La crítica corre a cargo de Juan Ángel Juristo y la entrevista me la realizó Antonio Fontana. Desde aquí emvío un abrazo a los dos.

BOCADOS DE PARAÍSO

Por Juan Ángel Juristo

Esta novela es deliciosamente anacrónica; es decir, combina de manera magistral dos querencias contradictorias en apariencia: por un lado, ese impulso utópico que toda narración de ciencia-ficción trae consigo y, por otro, ese refugio arcádico que supone la vuelta a los orígenes de un género prolífico y promiscuo donde los haya. Además, el libro tiene el valor añadido de que ese anacronismo se perfila sólo en un mundo de referencias literarias, pues no pretende ser una novela histórica, salvo que lo que tiene de crónica de un momento pasado se remita a la ficción, por lo que no es un producto más o menos consecuente con el mercado, como tantos otros hoy, sino una novela de aventuras que tiene a la ciencia-ficción y a su fundador, H. G. Wells, como su más íntimo y sentido homenaje, y que les rinde tributo con una trama hábilmente construida, unos diálogos inteligentes y una resolución magnífica. El resultado, además de gozoso, se acerca a lo excelente.

Puestos a descubrir influencias, a Félix J. Palma sólo se le notan las propias del thriller, pero dosificadas de una manera harto inteligente. Podría extenderme sobre las virtudes de una trama que es capaz de mezclar la querencia por el pasado con el amor por el futuro -uno de sus protagonistas, Andrew Harrington, quiere regresar al Londres de unos años antes a fin de librar a su novia de las garras de Jack el Destripador, mientras que otra, Claire Haggerty, viaja al primer año del siglo XXI- y, a la vez, implicar a un tal H. G. Wells, cuya vida corre peligro porque alguien ha venido del futuro con la intención de asesinarle y robarle la autoría de sus libros. Sólo con eso, estaría justificada la reseña; pero creo que estas páginas contienen unos elementos que rebasan el mero ámbito de la novela de aventuras al uso.

El mapa del tiempo es un libro inteligente, literariamente inteligente. Con ello quiero decir que si la trama recuerda a las del mismo H. G. Wells, pasando por una fantasía a lo Ford Madox Ford, los recursos con que juega el narrador nos remiten a los juegos borgianos y cervantinos; por ejemplo, el capítulo XVII. No es de extrañar: en cierto sentido, este de Félix J. Palma puede ser considerado un libro de aventuras posmoderno. Sus continuos guiños y referencias le hacen partícipe de una muy consciente escritura del juego. Para bien.

 

 

 

ENTREVISTA A FÉLIX J. PALMA

Por Antonio Fontana

Uno de los jóvenes más ricos y apuestos del Londres victoriano, Andrew Harrington, cuyos planes inmediatos incluyen descerrajarse un tiro y poner fin al sufrimiento de su corazón, desea retroceder en el tiempo ocho años, hasta la noche del 7 de noviembre de 1888, para salvar de las garras de Jack el Destripador a la mujer de la que está enamorado, la prostituta Marie Kelly. Viajes Temporales Murray le ofrece un único destino: el 20 de mayo del año 2000, día de la batalla final entre los autómatas, dirigidos por el malvado Salomón, y el ejército humano, liderado por el bravo capitán Shackleton. Pero no todo está perdido. Quizá la respuesta a las oraciones de Andrew sea la máquina del tiempo construida por H. G. Wells... El autor de La guerra de los mundos y Jack el Destripador son sólo dos de los muchos personajes de El mapa del tiempo, la última novela de Félix J. Palma (Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, 1968), galardonada con el XL Premio Ateneo de Sevilla. Una obra que pone la imaginación al servicio del entretenimiento.

Félix J. Palma, que es más bien un escritor de distancias cortas -cuatro libros de relatos frente a dos novelas-, se despacha ahora con la friolera de seiscientas páginas. ¿Tan harto estaba de los cuentos?

Uno nunca se cansa de los cuentos, ni como escritor ni como lector. Lo que ocurre es que cada trama exige su espacio, y la angostura del relato únicamente permite tramas sencillas o comprimidas. De todas formas, siempre me he considerado un cuentista más casual que vocacional. Me considero ante todo un narrador. Si tardé en aventurarme en la novela no fue porque un desmedido amor por el cuento me lo prohibiera, ni porque fuese un género que no me interesara, sino por algo mucho más prosaico: las facturas se acumulaban y yo necesitaba rentabilizar mi trabajo lo más pronto posible. En aquellos tiempos, embarcarme -pongamos por caso- dos años en una novela era un lujo que no me podía permitir. El cuento, en cambio, exige menos tiempo, aunque, por otro lado, demanda más inspiración y pericia que la novela.

«El viaje en el tiempo siempre me ha parecido uno de los temas más fascinantes de los que puede ocuparse una obra de ficción», ha escrito usted. «El mapa del tiempo» demuestra que no ha podido resistir la tentación de aportar su granito de arena.

Los viajes temporales me apasionan, y con esta novela he pretendido hacer un muestrario de todo lo que ha dado de sí hasta el momento ese subgénero de la ciencia-ficción; pero también he intentado, como dice, aportar algo nuevo, o en su defecto, contar lo de siempre de otra manera, que es casi el único modo de resultar originales que hoy, tras tanta tinta derramada a nuestras espaldas, nos queda a quienes escribimos.

Aquí cabe todo, como en los mejores folletines: no sólo la ciencia-ficción, también el romanticismo y las aventuras.

Los géneros siempre restringen, y no creo que esta novela pertenezca a un solo género, ya que de forma natural combina todos los que cita y puede que alguno más. Creo que me ha salido un homenaje a la literatura popular, a las novelas que nos hicieron soñar de pequeños.

H. G. Wells, Jack el Destripador, el Hombre Elefante, David Livingstone, Henry James, Bram Stoker... La nómina de personajes que se cruzan en la Inglaterra victoriana de Félix J. Palma es impresionante. ¿«El mapa del tiempo» ha sido su mayor reto o su peor pesadilla?

Mi mayor reto. Cuando se me ocurrió la idea germinal, comprendí que únicamente podría funcionar en la época victoriana, lo cual me obligaba no sólo a documentarme más a fondo sobre dicho periodo, sino también a pensar como un inglés de finales del siglo XIX. Nunca antes había hecho nada parecido, pero la empresa me atraía tanto que decidí liarme la manta a la cabeza y ver qué pasaba. Luego, mientras la escribía, padecí las habituales angustias propias de las labores de creación, pero su escritura también me resultó más divertida de lo que pensaba, por lo que no puedo calificarla de pesadilla.

El humor está muy presente, gracias sobre todo a un narrador burlón que confiesa: «Todo lo veo aunque no quiera».

El narrador es como el jefe de pistas de un circo, que tiene el privilegio de ver lo que sucede en cada una de ellas y pasar de una a otra cuando se aburre. Un narrador así, desenfadado y mordaz, me ha permitido hacer, por ejemplo, volatines con la estructura de la narración. También me ha permitido introducir pasajes humorísticos con los que restar solemnidad a la historia.

Wells hablaba de los escritores como embaucadores. ¿Se tiene por tal?

Wells dice algo así como que cuando uno se convierte en escritor es incapaz de leer ingenuamente, es decir, se convierte en un embaucador y no puede evitar ver al resto de los escritores como embaucadores. Y es algo que suscribo absolutamente. Para quienes escribimos es difícil abandonarnos del todo a una historia sin que una parte de nosotros se detenga a estudiar cómo está elaborada, dónde están sus trucos, qué efecto intenta provocar en el lector y si lo consigue o no.

Supongamos que los viajes en el tiempo son una realidad. ¿Adónde viajaría?

Aunque reconozco que hay épocas interesantes en el pasado -como la victoriana, sin ir más lejos-, si yo viajara a una de esas épocas no podría evitar sentirme en un parque temático. Me imagino mirando cada detalle con recelo, para comprobar que es tal y como lo cuentan los libros de Historia. El futuro, en cambio, representa lo desconocido, la imaginación, el lugar donde cualquier cosa es posible. Aunque sólo fuese por la curiosidad morbosa de saber en qué se convertirá nuestra especie, qué haremos con el mundo, yo viajaría al futuro.

Para terminar, y sin bajarnos de la máquina del tiempo, ¿a qué autores se les aparecería para robarles el manuscrito de su obra más famosa?

A Dan Brown o Julio Cortázar, dependiendo de mis necesidades económicas.

 

 

 

 

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