Queridos visitantes, aquí os dejo una extensa crítica sobre El mapa del tiempo, a cargo del periodista gaditano Juan Carlos Rodríguez, aparecida en su blog El bálsamo de Fierabrás. Muchas gracias por tus palabras, Juan Carlos.
EL MAPA DEL TIEMPO, por Juan Cárlos Rodríguez
La literatura sobre viajes en el tiempo es todo un género dentro de la ciencia ficción. Un género en el que, a partir de “La máquina del tiempo” de G. H. Wells, al menos han tanteado a través de la novela Isaac Asimov, Ray Bradbury, Arthur C. Clarke, Philip K. Dick, Stanislaw Lem, Michael Crichton, J. G. Ballard,… Y con una veta española muy interesante, que arranca con Enrique Gaspar y su mítico El anacronópete, anterior a Wells, que continúa con César Mallorquí y a la que habrá que añadir, sin duda, a Félix J. Palma.
Porque el alunizaje de Palma –hasta ahora un metódico y extraordinario escritor de relatos, casi siempre fantásticos– en la novela no podía ser, evidentemente, de otro material que el que envuelve la ciencia ficción: imaginación, sueños y homenajes. “El mapa del tiempo” (Algaida, Premio Ateneo de Sevilla) es, de entrada, una novela portentosa, extraordinaria, inasequible al desaliento. Una obra de 622 páginas aparentemente sorprendente para un escritor acostumbrado al corto recorrido, pero que demuestra oficio, pasión y, ante todo, calidad.
Victoriana e inteligente
En cierta medida, la novela explora el mismo mecanismo que tienen sus relatos. Sí. Palma nos había acostumbrado a cuentos inverosímiles, muy extraños, muy insólitos, que sostenía con el lenguaje. Y, en el fondo, es lo que hace aquí. Porque lo primero que seduce es el lenguaje, la graciosa majestad del lenguaje de esta novela victoriana, en la que Palma homenajea por encima de todas las pretensiones a H. G. Wells.
Detrás de este homenaje hay muchas escenas de la novela –y por supuesto su final- en los que no voy a entrar. Primero, porque son infinitas. Segundo, porque para guardar el debido respeto que el autor se ha ganado no debería contar demasiado, no ya del desenlace, sino de cada uno de las tres partes en las que está dividida la novela, habitada de personajes como Wells o su reverso, Gilliam Murray, que transitan toda la obra, pero que continuamente van cambiando de ángulo: a veces protagonistas, a veces simples testigos, a veces en el margen de la historia.


El mapa del tiempo parte, explica su autor, de una relectura de La máquina del tiempo, de H. G. Wells: "La releí esperando sentirme igual de fascinado que cuando la leí de pequeño y llegué a la conclusión de que a mí como niño me había gustado tanto porque creía que iba a ser posible viajar al futuro". Entonces empezó a darle vueltas a su cabeza y proyectó su experiencia a la sociedad victoriana, donde se desarrolla en un principio su novela. "La ciencia había sembrado el mundo de maravillas. Cerrarían el libro de Wells pensando a ver cuándo la inventaban", asegura Palma quien, a partir de ahí, monta en la cabeza su nueva creación: "Imaginé qué pasaría si un año después de haber salido el libro se abriera una empresa victoriana para viajar en el tiempo. La idea me pareció tan fascinante y no solo por el contraste estético de ver a los caballeros victorianos viajar al futuro sino también por la propias cuestiones que plantea el viaje en el tiempo y todo lo que conlleva".
Todo esto viene a cuento de la novela El mapa del tiempo, ganadora del Premio Ateneo de Sevilla y publicada por Algaida, de Félix J. Palma. El más que premiado escritor de relatos que saltó a la novela con La hormiga que quiso ser astronauta y Las corrientes oceánicas, y a la que vuelve con esta fascinante historia que recrea el universo de H. G. Wells. En El mapa del tiempo, Palma revisa el mito de la obra de Wells y la naturaleza del tiempo, a través de un inteligente, emocionante y ágil juego metaliterario en el que está presente el género de la novela de aventuras y de viajes desde Verne y Stevenson hasta Livingstone y Shackleton. Para ello, el escritor gaditano acomete el deseo de Andrew Harrington, ayudado por su primo Charles, de viajar al pasado para evitar que su enamorada sea la última víctima de Jack el Destripador. Esa peripecia que lo empareja con Viajes Temporales Murray, se entremezcla con episodios y personajes como La Biblioteca de la Verdad, el hombre invisible, el hombre elefante, el viaje desde el XIX al año 2000 de Claire Haggerty en busca de un amor que la satisfaga y el de otro enigmático personaje que intenta asesinar a Wells y lo obliga a huir a través del tiempo. Estas espléndidas narraciones que participan del romanticismo, de la novela de caballerías, del mito de los argonautas y de lecturas como El hombre en la luna de Godwin, van tramando unos mágicos vasos comunicantes entre la ficción y la literatura, a la vez que el autor trata temas como la posibilidad o imposibilidad de cambiar el pasado, la fuerza del amor y de la amistad, la memoria del mundo y especialmente el gusto de contar. Esta cualidad, la de contar con precisión, haciendo soñar al lector y transportándolo a los mundos de la literatura, es lo que ha conseguido con brillantez Félix J. Palma. El niño que nació setenta y tres años después de la publicación de La Máquina del tiempo para poder subirse a sus páginas y emprender junto a sus lectores la aventura de un hermoso viaje..jpg)
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Pocas cosas reconcilian más al crítico de suplementos literarios que descubrir a un Carlos Ruiz Zafón o un Albert Sánchez Piñol, logre o no su autor el éxito de La sombra del viento o La piel fría. La emoción de prefigurar el placer que miles de lectores sentirán al recorrer las mismas páginas que uno paladea por anticipado es la que da sentido a este oficio, de ahí que lo más honesto sea ensalzar tales páginas sin regatearles, por miedo al exceso, el entusiasmo que ha acompañado su lectura. Sin rodeos, pues: El mapa del tiempo no es solo el mejor Premio Ateneo de Sevilla en sus 40 ediciones, no es solo el más lúcido homenaje a H. G. Wells escrito en castellano, no es solo un hito que trasciende el género de fantasías victorianas llamado steampunk... El novelón de paradojas temporales, sueños científicos, mitos literarios y amores sin fecha de caducidad que Félix J. Palma (Sanlúcar de Barrameda, 1968) se ha sacado de la chistera es de tal calado, ambición y eficacia narrativa que la aventura de recorrerlo quedará marcada en la memoria de sus lectores hasta superar su propio tiempo.
Palma reconoce que "la historia sólo podía funcionar en el Londres de finales del XIX. La chispa la desencadenó mi relectura de La máquina del tiempo, de H. G. Wells. La había devorado de niño y me había entusiasmado, pero al releerla de adulto me sorprendió no sentir la misma emoción. Comprendí que parte de la fascinación se debía a que de niño creía que aquella máquina podría ser real. Pensé entonces que los contemporáneos de Wells habrían sentido esa misma excitación: me los imaginé pensando ilusionados que en cuestión de meses podrían viajar al pasado o al futuro en un vehículo erizado de pistones, engranajes y bielas, las damas con sus sombreritos de plumas y los caballeros con sus monóculos. La imagen no se me iba de la cabeza, y eso sólo podía significar que había encontrado el germen de una novela.".jpg)
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